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Autor:
Cañizares, José de
Caballero, Fernán
Cabello de Carbonera, Mercedes
Cabet, Etienne
Cadalso Y Vázquez, José
Cajal, Santiago Ramón y
Calderón de la Barca, Pedro
Calímaco
Calle, Ceferino de la
Cambaceres, Eugenio
Camóes, Luis Vaz de
Campo, Estanislao del
Campoamor, Ramón de
Camus, Albert
Cané, Miguel
Cantilo, José Luis
Cantú, César
Capek, Karel
Capek, Karel y Joseph
Capote, Truman
Caraccioli, Louis-Antoine de
Carnegie, Dale
Carnerero, José María de
Carpentier, Alejo
Carrasquilla, Tomás
Carriego, Evaristo
Carroll, Lewis
Carvajal y Mendoza, María Luisa
Casanova, Giacomo Girolamo
Casas, Fray Bartolomé de las
Casona, Alejandro
Castaneda, Carlos
Castelar, Emilio
Castillejo, Cristóbal de
Castillo Solórzano, Alonso de
Castro, Guillén de
Castro, Rosalía de
Catarineu, Ricardo J.
Catulo, Cayo Valerio
Cavafis, Constantino
Cayol, Roberto
Céline, Louis Ferdinand
Cervantes, Miguel de
Chambers, Robert William
Champsaur, Félicien
Chandler, Bertram
Chandler, Raymond
Chasles, Philaréte
Chateaubriand, François de
Chaucer, Geoffrey
Chejov, Antón
Chesterton, G.K.
Chocano, José Santos
Christie, Agatha
Cicerón
Cladel, Léon
Clarke, Michael
Clausewitz, Karl von
Clifton, Mark
Codd, Clara Margaret
Cody, William F.
Colette
Collins, Mabel
Collins, William Wilkie
Collodi, Carlo
Coloma, Luis
Comella, Luciano Francisco
Comte, Auguste
Conan Doyle, Arthur
Confucio
Conrad, Joseph
Conti, Haroldo
Cook, Whitfield
Coomaraswamy, Ananda K.
Cooper, James Fenimore
Coripo, Flavio Cresconio
Coronado, Carolina
Coronado, Martín
Cortázar, Julio
Cortés de Tolosa, Juan
Crackanthorpe, Hubert
Cram, Ralph Adam
Crane, Stephen
Crawford, Francis Marion
Crowe, Catherine
Cruz, Juana Inés de la
Cruz, Ramón de la
Cruz, San Juan de la
Cueva, Juan de la
Cutcliffe Hyne, C. J.
Chejov, Antón
(1860-1904)
Dramaturgo y escritor ruso. Es una figura de gran importancia de la literatura rusa. Hijo de un comerciante pobre y nieto de un siervo, nació en Taganrog, donde realizó sus primeros estudios. Posteriormente estudió medicina en la Universidad Estatal de Moscú. Ejerció brevemente, y simultáneamente, publicaba relatos y escenas humorísticas en revistas. Debido a su éxito pronto se dedicó plenamente a la literatura. En 1886 apareció su colección de escritos humorísticos Relatos de Motley, y al año siguiente Ivanov, su primera obra de teatro. En 1884 comenzó a padecer seriamente de tuberculosis, enfermedad que le acompañaría toda la vida y que le obligaría a vivir como un nómada en busca de tierras cálidas. En 1890 visitó la isla Sajalín, en la Costa de Siberia, donde estaba establecida una colonia penitenciaria. Esta visión le afectaría enormemente y condicionará toda su vida. Tras esta visita publicará La isla de Sajalín, un informe sobre la forma penosa de vida en dicha isla y que provocará que se nombre una comisión estatal para reparar los abusos que se cometen contra los presos.
Posteriormente (1892) fija su residencia en Melihovo, dedicándose a la educación y a la labor médica (de forma gratuita). Es en esta época cuando escribió la mayor parte de sus narraciones y textos teatrales. Pero su enfermedad le obligará en 1897 a trasladarse a Crimea, donde el clima es más cálido, y a pasar largas temporadas en balnearios europeos. En los últimos años del siglo conoció al actor y productor Stanislavski, director del Teatro de Arte de Moscú. Esta amistad de dramaturgo y director de teatro, le reportó a Chéjov la posibilidad de representar varias de sus obras: La gaviota, con la que cosechó grandes éxitos, El tío Vania, Tres hermanas y El jardín de los cerezos. Asimismo cosechó grandes éxitos con narraciones humorísticas como Mi vida, Relatos de un desconocido, El monje negro, etc. En 1901 contrajo matrimonio con Olga Knipper, intérprete en varias de sus obras dramáticas. Murió el 2 de julio de 1904 en el balneario de Badenweiller, en Alemania. Su obra le ha otorgado el merecido titulo de maestro del relato. A él se debe, entre otros, la forma moderna del relato, en el que el estado de ánimo influye profundamente en la obra. Korolenko definió la atmósfera creada por Chéjov en sus narraciones como "el estado de ánimo de un alegre melancólico". Utiliza temas de la vida cotidiana, en particular se centró en retratar la vida rusa anterior a la revolución de 1905. Si bien, cabe decir, que existe un nexo entre el Chéjov joven e irreflexivo de la adolescencia (preocupado por la recopilación de anécdotas curiosas destinadas a su colaboración en revistas humorísticas), y el de la madurez, inquieto, sin saber dónde detener su mirada de autor. Dentro del teatro ruso se le considera como representante del naturalismo, y en sus obras, al igual que en sus relatos, se fija en el fracaso de una sociedad feudal que se iba poco a poco quedando obsoleta. Desarrolló la "acción indirecta", técnica creada por él con la que intenta dar más importancia a lo que ocurre fuera de escena, dejando a la imaginación y la sensibilidad ideas y pensamientos que sólo han sido sugeridos. En un primer momento, sus innovadoras técnicas no fueron entendidas y tuvo que ver cómo eran rechazadas sus obras, pero posteriormente fueron aceptadas por los dramaturgos y los espectadores, llegando a tener un gran éxito en su época.
Titulo
Administración de Correos, En La
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La joven esposa del viejo administrador de Correos Hattopiertzof acababa de ser inhumada. Después del entierro fuimos, según la antigua costumbre, a celebrar el banquete funerario. Al servirse los buñuelos, el anciano viudo rompió a llorar, y dijo: -Estos buñuelos son tan hermosos y rollizos como ella.
Album, El
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“El consejero administrativo Craterov, delgado y seco como la flecha del Almirantazgo, avanzó algunos pasos y, dirigiéndose a Serlavis, le dijo: -Excelencia: Constantemente alentados y conmovidos hasta el fondo del corazón por vuestra gran autoridad y paternal solicitud...”
Amorcito
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"Oleñka, la hija del asesor de colegio retirado Plemiannikov, estaba sentada, pensativa, en un peldaño del pórtico, en el patio de su casa. Hacía calor, las moscas insistían en molestar y resultaba agradable pensar que la noche ya estaba cerca. Desde el este avanzaban oscuras nubes y, de vez en cuando, llegaba una brisa húmeda."
Ana colgada al cuello
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"Tras la bendición nupcial ni siquiera hubo merienda liviana; los recién casados bebieron una copa, cambiaron de traje y partieron a la estación. En lugar de una alegre fiesta de bodas y una cena, en lugar de música y baile, el viaje a un monasterio, a doscientas verstas de distancia."
Ana colgada al cuello (1895)
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Tras la bendición nupcial ni siquiera hubo merienda liviana; los recién casados bebieron una copa, cambiaron de traje y partieron a la estación. En lugar de una alegre fiesta de bodas y una cena, en lugar de música y baile, el viaje a un monasterio, a doscientas verstas de distancia.
Antología de Cuentos.
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"Por la peor habitación del detestable Hotel Lisboa paseábase infatigablemente el estudiante de tercer año de Medicina Stepan Klochkov. Al par que paseaba, estudiaba en voz alta. Como llevaba largas horas entregado al doble ejercicio, tenía la garganta seca y la frente cubierta de sudor."
Anuita
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"Por la peor habitación del detestable Hotel Lisboa paseábase infatigablemente el estudiante de tercer año de Medicina Stepan Klochkov. Al par que paseaba, estudiaba en voz alta. Como llevaba largas horas entregado al doble ejercicio, tenía la garganta seca y la frente cubierta de sudor."
Apellido de Caballo
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"El general retirado Buldeiev tenía dolor de muelas. Probó enjuagarse la boca con vodka y con coñac; aplicó a la muela enferma ceniza de tabaco, opio, trementina y queroseno; untó la mejilla con yodo; en los oídos tenía algodón impregnado de alcohol; pero todo ello no surtía efecto y hasta le provocaba náuseas. Recibió la visita de un médico. Éste hurgó en la muela y recetó quinina, lo que tampoco trajo alivio. A la proposición de arrancar la dolorida muela el general respondió con una negativa. Los de la casa –la esposa, los niños, las criadas y hasta el pinche de cocina Petka– proponían cada uno su remedio. El mayordomo Iván Evseich vino también y aconsejó intentar la cura con el conjuro."
Apellido de Caballo (2)
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El general retirado Buldeiev tenía dolor de muelas. Probó enjuagarse la boca con vodka y con coñac; aplicó a la muela enferma ceniza de tabaco, opio, trementina y queroseno; untó la mejilla con yodo; en los oídos tenía algodón impregnado de alcohol; pero todo ello no surtía efecto y hasta le provocaba náuseas.
Apuesta, Una
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"Era una oscura noche de otoño. El viejo banquero caminaba en su despacho, de un rincón a otro, recordando una recepción que había dado quince años antes, en otoño. Asistieron a esta velada muchas personas inteligentes y se oyeron conversaciones interesantes. Entre otros temas se habló de la pena de muerte."
Asesinato, Un
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"Una lamparilla verde encendida ante el icono alumbra con luz débil e incierta. Colgados a una cuerda que atraviesa la habitación se ven unos pañales y un pantalón negro. La lamparilla proyecta en el techo un gran círculo verde; las sombras de los pañales y el pantalón se agitan, como sacudidas por el viento, sobre la estufa, sobre la cuna y sobre Varka."
Camaleón, El
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En el riquísimo caudal de narradores rusos del siglo XIX -Pushkin, Gógol, Turguéniev, Tolstoi, Dostoievski- están presentes todos los matices y formas. El más moderno de ellos es Antón Chéjov, a quien su singularidad expresiva ubica en puesto relevante de la literatura mundial. Su interés se centra en las historias cotidianas de la gente común: describe modestos hechos con actitud serena, matizada de sutil ironía, nunca cruel y sí comprensiva y bondadosa ante las flaquezas del hombre. Simpatiza con los humildes y los seres angustiados por pequeños problemas. Su sentido del humor, que es magnífico y que a veces provoca la risa franca, condimenta sus historias. Chéjov comprende todo y nos dice que siempre pueden encontrarse aspectos positivos. No juzga ni condena a sus criaturas ni sus acciones, por más que sean descabelladas o ridículas.
Campesinos, Los
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“El camarero del Hotel Eslavo Nicolás Chikildieyev había enfermado. Un día, perdido casi por completo el vigor de las piernas, se había caído de bruces en mitad del pasillo llevando en la mano una fuente de jamón con guisantes. Y se había visto obligado a dejar su colocación. Habíase gastado, cuidándose, todos sus ahorros y los de su mujer, y ya no le quedaba nada para vivir. Cansado de su ocio forzoso, decidió irse al campo con su familia. «Está uno mejor en su casa -se dijo-, y vive con más economía, y por algo dice el proverbio que hasta las paredes le ayudan.»”
Campo, En el
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" A tres kilómetros de la aldea de Obruchanovo se construía un puente sobre el río. Desde la aldea, situada en lo más eminente de la ribera alta, divisábanse las obras. En los días de invierno, el aspecto del fino armazón metálico del puente y del andamiaje, albos de nieve, era casi fantástico."
Canto del cisne, El
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"-¡Vaya historia!... ¡Vaya bromita!... ¡Me quedé dormido en el camerino!... ¡La función terminó hace tiempo, todo el mundo se fue del teatro, y yo me dormí tan tranquilo!... ¡Ah, viejo chocho..., viejo chocho!... ¡Eres un viejo perro!... ¿Conque bebiste hasta el punto de dormirte sentado?... ¡Muy bien! ¡Te felicito!"
Casa con desván (Relato de un pintor)
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Ello sucedió hace unos seis o siete años, cuando yo vivía en uno de los distritos de la gobernación T. en la propiedad del terrateniente Belokúrov, hombre joven que se levantaba muy temprano, andaba vestido con una podiovka por las noches tomaba cerveza y quejábase siempre de que en nadie ni en ninguna parte encontraba comprensión.
Chist
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"Iván Krasnukin, periodista de no mucha importancia, vuelve muy tarde a su hogar, con talante desapacible, desaliñado y totalmente absorto. Tiene el aspecto de alguien a quien se espera para hacer una pesquisa o que medita suicidarse."
Cigarra, La
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"Todos los amigos y conocidos de Olga Ivanova estaban presentes en su boda. -Mírenlo bien: ¿verdad que hay algo de particular en él? -decía ella a sus amigos señalando con la cabeza a su marido y como deseando explicar por qué se había casado con un hombre simple, muy común y nada destacable."
Cirugía
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"Estamos en un hospital del zemstvo. A falta de doctor, que se ausentó para contraer matrimonio, recibe a los enfermos el practicante Kuriatin. Es un hombre grueso que ronda los cuarenta; viste una raída chaqueta de seda cruda y unos usados pantalones de lana. En su rostro se refleja el sentimiento de que cumple su deber y se encuentra satisfecho. Con los dedos índice y pulgar de la mano izquierda sostiene un cigarro que despide un humo pestilente."
Cirugía (2)
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Estamos en un hospital del zemstvo. A falta de doctor, que se ausentó para contraer matrimonio, recibe a los enfermos el practicante Kuriatin.
Corista, La
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“En cierta ocasión, cuando era más joven y hermosa y tenía mejor voz, se encontraba en la planta baja de su casa de campo con Nikolai Petróvich Kolpakov, su amante. Hacía un calor insufrible, no se podía respirar. Kolpakov acababa de comer, había tomado una botella de mal vino del Rin y se sentía de mal humor y destemplado. Estaban aburridos y esperaban que el calor cediese para ir a dar un paseo.”
CUENTOS Y RELATOS. El misterio
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La noche del primer día de Pascua, el consejero de Estado Navaguin, después de haber hecho sus visitas, tornó a su casa y tomó en la antesala el pliego de papel en donde los visitantes de aquel día habían puesto sus firmas. Mudóse de traje, bebió un vaso de agua de Seltz, sentóse cómodamente en una butaca y comenzó la lectura de aquellas firmas.
CUENTOS Y RELATOS. El monje negro
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Andrei Vasilievich Kovrin, Magister, estaba agotado tenía los nervios deshechos. No hacía nada por seguir el tratamiento médico. Algunas veces, mientras tomaba una copa con su amigo el doctor, éste le aconsejaba pasar una temporada en el campo, mejor dicho, toda la primavera y el verano, pero Andrei nunca le hacía caso.
CUENTOS Y RELATOS. En el landó
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Las hijas del consejero civil activo Brindin, Kitty y Zina, paseaban por la Nievskii en un landó1. Con ellas paseaba su prima Marfusha, una pequeña provinciana-hacendada de dieciséis años, que había venido en esos días a Peter, a visitar a la parentela ilustre y echar un vistazo a las curiosidades.
CUENTOS Y RELATOS. En la oscuridad
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Una mosca de mediano tamaño se metió en la nariz del consejero suplente Gaguin. Aunque se hubiera metido allí por curiosidad, por atolondramiento o a causa de la oscuridad, lo cierto es que la nariz no toleró la presencia de un cuerpo extraño y dio muestras de estornudar. Gaguin estornudó tan ruidosamente y tan fuerte que la cama se estremeció y los resortes, alarmados, gimieron. La esposa de Gaguin, María Michailovna, una rubia regordeta y robusta, se estremeció también y se despertó. Miró en la oscuridad, suspiró y se volvió del otro lado.
CUENTOS Y RELATOS. Iván Matveich
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—¡Esto es indignante! —dice a cada momento, consultando su reloj—. ¡Es una falta de respeto para con tiempo y el trabajo ajenos!... ¡En Inglaterra, un sujeto semejante no ganaría ni un centavo y moriría de hambre!... ¡Ya verás la que te espera cuando vengas!
CUENTOS Y RELATOS. Kashtanka
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Un perro joven y canelo —un chucho de raza indefinida—, de morro muy parecido al de una raposa, corría adelante y atrás por la acera y miraba inquieto a los lados.
CUENTOS Y RELATOS. La colección
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Hace días pasé a ver a mi amigo, el periodista Misha Kovrov1. Estaba sentado en su diván, se limpiaba las uñas y tomaba té. Me ofreció un vaso. —Yo sin pan no tomo —dije—. ¡Vamos por el pan!
CUENTOS Y RELATOS. La corista
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En cierta ocasión, cuando era más joven y hermosa y tenía mejor voz, se encontraba en la planta baja de su casa de campo con Nikolai Petróvich Kolpakov, su amante. Hacía un calor insufrible, no se podía respirar. Kolpakov acababa de comer, había tomado una botella de mal vino del Rin y se sentía de mal humor y destemplado. Estaban aburridos y esperaban que el calor cediese para ir a dar un paseo.
CUENTOS Y RELATOS. La cronología viviente
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El salón del consejero áulico Charamúkin se halla envuelto en discreta penumbra. El gran quinqué de bronce con su pantalla verde imprime un tono simpático al mobiliario, a las paredes; y en la chimenea, los tizones chisporrotean, lanzando destellos intermitentes que alumbran la estancia con una claridad más viva. Frente a la chimenea, en una butaca, está arrellanado, haciendo su digestión, Charamúkin, señor de edad, de aire respetable y bondadosos ojos azules.
CUENTOS Y RELATOS. La máscara
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X se celebraba, con fines benéficos, un baile de máscaras o, como le llamaban las señoritas de la localidad, un baile de parejas.
CUENTOS Y RELATOS. Ladrones
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El practicante Ergunov, hombre de muy poco seso, que en todo el distrito gozaba fama de presumido y borracho, regresaba un atardecer de fiesta de la aldea de Repino, a donde había ido al objeto de hacer algunas compras para el hospital.
CUENTOS Y RELATOS. Las islas voladoras
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—¡He terminado, caballeros! —dijo Mr. John Lund, joven miembro de la Real Sociedad Geográfica, mientras se desplomaba exhausto sobre un sillón. La sala de asambleas resonó con grandes aplausos y gritos...
CUENTOS Y RELATOS. Los extraviados
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Es un lugar de veraneo. La obscuridad, completa; el campanario de la iglesia marca la una de la noche. Cosiaokin y Lapkin, ambos algo titubeantes, pero de muy buen humor, salen del bosque y se dirigen hacia las casitas.
CUENTOS Y RELATOS. Los mártires
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Lisa Kudrinsky, una señora joven y muy cortejada, se ha puesto de pronto tan enferma, que su marido se ha quedado en casa en vez de irse a la oficina, y le ha telegrafiado a su madre.
CUENTOS Y RELATOS. Los muchachos
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—¡Volodia ha llegado! —gritó alguien en el patio. —¡El niño Volodia ha llegado! —repitió la criada Natalia irrumpiendo ruidosamente en el comedor— ¡Ya está ahí!
CUENTOS Y RELATOS. Los simuladores
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Marfa Petrovna, la viuda del general Pechonkin, ejerce, unos diez años ha, la medicina homeopática y recibe los martes por la mañana a los aldeanos enfermos que acuden a consultarla.
CUENTOS Y RELATOS. Mala suerte
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Ilia Sergeich Peplov y su mujer, Cleopatra Petrovna, escuchaban junto a la puerta con gran ansiedad. Al otro lado, en la pequeña sala, se desarrollaba, al parecer, una escena de declaración amorosa. Su hija Nataschenka se prometía en aquel momento con el profesor de la Escuela Provincial, Schupkin.
CUENTOS Y RELATOS. Muerte de un funcionario
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En una tarde maravillosa, el no menos maravilloso alguacil Iván Dmítrich Cherviakov se hallaba sentado en la segunda fila de butacas y miraba con los gemelos Las campanas de Corneville. Miraba y se sentía lleno de felicidad. Pero de pronto...
CUENTOS Y RELATOS. Un hombre conocido
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La encantadora Vanda (o según su pasaporte, la honorable ciudadana Nastasia Kanavkina) al salir del hospital se encontró en una situación como jamás se había encontrado antes. Sin casa y sin un céntimo. ¿Qué hacer?...
CUENTOS Y RELATOS. Un hombre enfundado
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En un extremo de la aldea Mironositsky, en la porchada del alcalde Prokofy, se habían instalado para pasar la noche dos cazadores llegados al pueblo mucho después de anochecer: el veterinario Iván Ivanovich y el maestro de escuela Burkin.
CUENTOS Y RELATOS. Un hombre irascible
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Yo soy un hombre formal y mi cerebro tiene inclinación a la filosofía. Mi profesión es la de financiero. Estoy estudiando la ciencia económica, y escribo una disertación bajo el título de «El pasado y el porvenir del impuesto sobre los perros». Usted comprenderá que las mujeres, las novelas, la luna y otras tonterías por el estilo me tienen completamente sin cuidado.
CUENTOS Y RELATOS. Un niño maligno
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Iván Ivanich Liapkin, joven de exterior agradable, y Anna Semionovna Samblitzkaia, muchacha de nariz respingada, bajaron por la pendiente orilla y se sentaron en banquito. El banquito se encontraba al lado mismo del agua, entre los espesos arbustos de jóvenes sauces.
CUENTOS Y RELATOS. Un padre de familia
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Lo que contaré sucede, generalmente, después de perder al juego o después de una borrachera o un ataque estomacal. Stefan Stefanovich Gilin se despierta de pésimo humor. Refunfuña, levanta las cejas, se le eriza el pelo; su rostro es cetrino; se diría que le han ofendido o que algo le produce repugnancia. Se viste despacio, bebe su agua de Vichy y va de una habitación a otra.
CUENTOS Y RELATOS. Una mujer sin prejuicios
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Maxim Kuzmich Salutov es alto, fornido, corpulento. Sin temor a exagerar, puede decirse que es de complexión atlética. Posee una fuerza descomunal: dobla con los dedos una moneda de veinte kopecs, arranca de cuajo árboles pequeños, levanta pesas con los dientes; y jura que no hay en la tierra hombre capaz de medirse con él.
CUENTOS Y RELATOS. Una noche de espanto
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Palideciendo, Iván Ivanovitch Panihidin empezó la historia con emoción: —Densa niebla cubría el pueblo, cuando, en la Noche Vieja de 1883, regresaba a casa. Pasando la velada con un amigo, nos entretuvimos en una sesión espiritualista.
CUENTOS Y RELATOS. Verochka
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Iván Alekseich Ognev recuerda cómo en aquella noche de agosto abrió, haciéndola sonar, la puerta de vidrio y salió a la terraza. Llevaba puestos entonces una liviana capa con esclavina y un sombrero de paja de anchas alas, el mismo que está tirado ahora en el polvo, bajo la cama, junto con las botas de montar. En una mano tenía un gran atado de libros y cuadernos, en la otra, un grueso y nudoso bastón. En la habitación, cerca de la puerta, iluminándole el camino con la lámpara, quedaba de pie el dueño de la casa, Kuznetsov, un viejo calvo, de larga barba canosa y vestido con una chaqueta de piqué blanca como la nieve. El viejo sonreía afablemente e inclinaba la cabeza.
De las memorias de un idealista
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El diez de mayo tomé una licencia por veintiocho días, le pedí a nuestro tesorero cien rublos de adelanto y decidí, fuera como fuera, "vivir un poco", vivir un poco a todo trapo, de modo que después, en el transcurso de diez años, pudiera vivir sólo de los recuerdos.
De mal en peor
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En casa de Gradussoff, sochantre de la catedral, se encontraba el abogado Kaliakin que, dando vueltas entre los dedos a un aviso del juez de paz a nombre de Gradussoff, decía: "Diga usted lo que diga, Dosifey Petrovich, usted es el que tiene la culpa."
Duelo, Un
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LUCAS. -Señora, se está usted matando. No sea exagerada. Ha llegado la primavera, todo el mundo está alegre y se pasea por el campo y por el bosque. Sólo usted permanece encerrada en casa como en un convento. ¡Hace yo no sé el tiempo que no sale usted!
Dvornik inteligente, Un
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"De pie, en el centro de la cocina, el dvornik(1) Filipp moralizaba. Sus oyentes eran los laca-yos, el cochero, dos doncellas, el cocinero, la cocinera y dos pinches, sus hijos. Todas las ma-ñanas moralizaba sobre algo, siendo en aquella el tema de su discurso la instrucción..."
El Album
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El consejero administrativo Craterov, delgado y seco como la flecha del Almirantazgo, avanzó algunos pasos y, dirigiéndose a Serlavis, le dijo: —Excelencia: Constantemente alentados y conmovidos hasta el fondo del corazón por vuestra gran autoridad y paternal solicitud... —Durante más de diez años —le sopló Zacoucine.
El Beso
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"El veinte de mayo, a las ocho de la noche, las seis baterías de la brigada norte de artillería, que se dirigían al campamento, se detuvieron para pasar la noche en el pueblo de Mestechki. En pleno trajín, cuando algunos oficiales se afanaban junto a los cañones y otros, agrupados en la plaza junto a la verja de la iglesia, escuchaban los informes de los furrieles, detrás de la iglesia apareció un jinete vestido de civil y montado en un caballo extraño."
El Camaleón
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"A través de la plaza del mercado camina el comisario de policía Ochumelov; luce una capa nueva y lleva una cajetilla de cigarrillos en la mano. Lo sigue un sargento pelirrojo, que lleva un tamiz colmado de bayas de uva crespa confiscadas. Todo es silencio alrededor... En la plaza no hay un alma... Las puertas abiertas de los negocios y de las tabernas, miran al mundo de Dios sombrías, cual fauces hambrientas; cerca de ellas ni siquiera hay mendigos."
El camaleón (2)
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El inspector de policía Ochumélov, con su capote nuevo y un hatillo en la mano, cruza la plaza del mercado. Tras él camina un municipal pelirrojo con un cedazo lleno de grosellas decomisadas. En torno reina el silencio... En la plaza no hay ni un alma... Las puertas abiertas de las tiendas y tabernas miran el mundo melancólicamente, como fauces hambrientas; en sus inmediaciones no hay ni siquiera mendigos.
El Camaleón (Anton Chejov)
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‐Verá usted. Yo pasaba tranquilamente, sin meterme con nadie... Iba por el asunto de las maderas..., y de repente salió este maldito animal y me mordió el dedo... sin que yo le diera motivo alguno... Dispénseme, excelencia; pero yo no soy más que un trabajador... Ejecuto trabajos minuciosos. Fuerza es que se me indemnice. A buen seguro, yo no podré servirme de mi dedo en una semana entera. Ninguna ley puede obligarme a soportar los ataques de los animales... Como a todos les dé por morder, la vida será imposible...
El camino real
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"La acción se desarrolla en una provincia del sur de Rusia. El escenario representa el figón de Tijon . A la derecha, un mostrador, estantes con botellas. Al fondo, la puerta, que da al exterior, por la que se ve asomar un sucio farolito colorado. El piso y los bancos, junto a las paredes, están completamente ocupados por los peregrinos y los pasajeros. Muchos, por falta de lugar, duermen sentados. Noche profunda. Al levantarse el telón se oye un trueno y por la puerta se ven los relámpagos."
El camino real, En
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" EFIMOVNA. -(A NASAROVNA.) ¡Empuja al viejo, madre!... ¡Quizá está entregando su alma a Dios!"
El canto del cisne, Estudio dramático en I Acto
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"La acción se desarrolla en el escenario de un teatro de provincias de segunda categoría, después de terminado el espectáculo. El escenario está vacío. A la derecha, una fila de puertas hechas rudimentariamente, sin pintar, que dan a los camarines. La parte izquierda y el fondo del escenario están bloqueados por toda suerte de objetos en desuso. En el centro de la escena, un banquito caído. Es de noche. Oscuridad."
El carbón ruso
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"Una hermosa mañana de abril, el conde ruso Tulupov iba en un barco alemán río abajo por el Rin y, por hacer algo, conversaba con un "salchichero". Su interlocutor, un enjuto joven alemán muy compuesto, de fisonomía arrogante y científica, suficiencia personal y unos cuellitos fuertemente almidonados, se presentó como el maestro de minas Arthur Imbs, y con terquedad no cambiaba el tema de la empezada conversación, que ya cansaba al conde, sobre el carbón de piedra ruso."
El casamiento, Pieza en I Acto
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"La acción en una sala reservada de un restaurante de medio pelo. Sala intensamente alumbrada. Mesa grande, dispuesta para la ce¬na. Varios camareros, vestidos de frac, hacen los últimos preparativos. Detrás del escenario la orquesta termina de tocar la última figura de una cuadrilla."
El delincuente
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Ante el juez está un mujik pequeño y extremadamente escuálido, vestido con una camisa de abigarradas colores y con unos calzones remendados. Su rostro velludo, comido de picaduras, y sus ojos apenas visibles bajo las espesas y colgantes cejas, tienen una expresión de gravedad taciturna. Sobre la cabeza lleva todo un gorro de pelo enmarañado que no ha sido peinado hace tiempo y que le da un aspecto de severa araña. Está descalzo.
El estudiante
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En principio, el tiempo era bueno y tranquilo. Los mirlos gorjeaban y de los pantanos vecinos llegaba el zumbido lastimoso de algo vivo, igual que si soplaran en una botella vacía.
El fracaso
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Elías Serguervitch Peplot y su mujer, Cleopatra Petrovna, aplicaban el oído a la puerta y escuchaban ansiosos lo que ocurría detrás. En el gabinete se desarrollaba una explicación amorosa entre su hija Natáchinka y el maestro de la escuela del distrito, Schúpkin.
El gordo y el flaco
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En una estación de ferrocarril de la línea Nikoláiev se encontraron dos amigos: uno, gordo; el otro, flaco.
El Hombre Enfundado
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"Al borde mismo del pueblo de Mironositsky, en el cobertizo del alcalde Prokofy, los retrasados cazadores se disponían a pasar la noche. Eran el veterinario Iván Ivanich y el profesor del colegio, Burkin. Iván Ivanich tenía un apellido doble y bastante extraño, Chimsha-Guimalaisky, que no le quedaba nada bien, por lo cual todos en la comarca lo llamaban simplemente por su nombre y el patronímico; vivía en la remonta, cerca de la ciudad, y salió de caza para respirar aire puro."
El Jardín de los Cerezos
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El Misterio
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La noche del primer día de Pascua, el consejero de Estado Navaguin, después de haber hecho sus visitas, tornó a su casa y tomó en la antesala el pliego de papel en donde los visitantes de aquel día habían puesto sus firmas. Mudóse de traje, bebió un vaso de agua de Seltz, sentóse cómodamente en una butaca y comenzó la lectura de aquellas firmas. Al llegar a la mitad del primer pliego se estremeció y dio muestras de asombro.
El Obispo
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"En el monasterio Staro-Petrovsky se cantaban Las Vísperas del Domingo de Ramos. Cuando comenzaron a repartir las ramas, eran ya casi las diez; las luces se tornaron opacas, las velas tenían largos pabilos y todo parecía estar cubierto de niebla. En el crepúsculo de la iglesia la multitud se agitaba como el mar y al reverendísimo padre Piotr, quien desde hacía unos tres días no se sentía bien de salud, le parecía que todas las caras -viejas, jóvenes, masculinas, femeninas- eran iguales, y las que se acercaban para retirar la rama tenían la misma expresión en los ojos."
El orador
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En una hermosa mañana celebrábase el entierro del asesor colegiado Kirill Ivanovich Vavilonov, muerto de dos enfermedades sumamente frecuentes en nuestra patria: una esposa maligna y el vicio del alcohol. Mientras el cortejo fúnebre se dirigía de la iglesia al cementerio, uno de los compañeros de trabajo del difunto, un tal Poplavski, tomó un coche y se dirigió a toda prisa a casa de su amigo Grigorii Petrovich Zapoikin, hombre, aunque joven, ya bastante popular.
El Oso, Humorada en I acto
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"LUKÁ: No está bien, señora... Usted no está haciendo más que arruinar su vida... La mucama y la cocinera han salido a recoger frutos silvestres. Toda criatura viviente está alegre, hasta la gata, hasta la gata sabe lo que es bueno y se pasea por el jardín y caza pajaritos... mientras que usted, ¡todo el día en su cuarto, como en un convento... y ningún placer! Pero, ¡de veras, ya va para un año sin que usted salga de casa!"
El Talento
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El pintor Yegor Savich, que se hospeda en la casa de campo de la viuda de un oficial, está sentado en la cama, sumido en una dulce melancolía matutina. Es ya otoño. Grandes nubes informes y espesas se deslizan por el firmamento; un viento, frío y recio, inclina los árboles y arranca de sus copas hojas amarillas. ¡Adiós, estío!
El teléfono y Lo timó
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“Operadora. ¿Puedo ayudarlo?”. Dice una voz de mujer. “Comuníqueme con el Hotel Slavyansky Bazaar” “Conectando” Después de tres minutos escucho un repique...Pego el auricular a mi oreja y oigo un sonido de un carácter todavía indeterminado; como el viento soplando, u hojas secas dispersándose por el piso.... Alguien parece estar susurrando.
El trágico
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Se celebraba el beneficio del trágico Fenoguenov. La función era un éxito. El trágico hacía milagros: gritaba, aullaba como una fiera, daba patadas en el suelo, se golpeaba el pecho con los puños de un modo terrible, se rasgaba las vestiduras, temblaba en los momentos patéticos de pies a cabeza, como nunca se tiembla en la vida real, jadeaba como una locomotora. Ruidosas salvas de aplausos estremecían el teatro. Los admiradores del actor le regalaron una pitillera de plata y un ramo de flores con largas cintas. Las señoras lo saludaban agitando el pañuelo, y no pocas lloraban.
El vengador
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Inmediatamente después de haber sorprendido a su mujer en el lugar de su delito, Fedor Fedorovich Sigaev se encontraba en el almacén de armas de Schmuks y C.ª eligiendo el revólver que mejor pudiera servirle. Su rostro expresaba ira, dolor y una decisión irrevocable. "Sé lo que tengo que hacer —pensaba—. Cuando son profanados los fundamentos de la familia y el honor es pisoteado en el barro y triunfa el vicio..., yo, como ciudadano y como hombre honrado, debo ser el vengador. La mataré primero a ella, luego a su amante y después me mataré yo".
El Violín de Rothschild
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Era un pueblo diminuto; peor que un pueblo, habitado principalmente por ancianos, quienes tan raramente se morían que era molesto. Se necesitaban muy pocos ataúdes para el hospital y la cárcel; en una palabra, el negocio era una pena. Si Yakov Ivanov hubiese sido fabricante de ataúdes en el pueblo del condado, habría poseído probablemente una casa propia ahora, y se habría llamado Sr. Ivanov, pero aquí en este lugar pequeño él se llamó Yakov simplemente, y por alguna razón su apodo era Bronce.
En el campo
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"Desde la aldea, situada en lo más eminente de la ribera alta, divisábanse las obras. En los días de invierno, el aspecto del fino armazón metálico del puente y del andamiaje, albos de nieve, era casi fantástico."
En el paseo de Sokólniki
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El día 1 de mayo se inclinaba al anochecer. El susurro de los pinos de Sokólniki y el canto de los pájaros son ahogados por el ruido de los carruajes, el vocerío y la música. El paseo está en pleno. En una de las mesas de té del Viejo Paseo está sentada una parejita: el hombre con un cilindro grasoso y la dama con un sombrerito azul claro. Ante ellos, en la mesa, hay un samovar hirviendo, una botella de vodka vacía, tacitas, copitas, un salchichón cortado, cáscaras de naranja y demás.
En la Administración de Correos
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La joven esposa del viejo administrador de Correos Hattopiertzof acababa de ser inhumada. Después del entierro fuimos, según la antigua costumbre, a celebrar el banquete funerario. Al servirse los buñuelos, el anciano viudo rompió a llorar, y dijo: —Estos buñuelos son tan hermosos y rollizos como ella. Todos los comensales estuvieron de acuerdo con esta observación. En realidad era una mujer que valía la pena.
En la barbería
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Es por la mañana. Todavía no han dado las siete y la barbería de Makar Kusmich Bliostkin está ya abierta.
En la oscuridad
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"Una mosca de mediano tamaño se metió en la nariz del consejero suplente Gaguin. Aunque se hubiera metido allí por curiosidad, por atolondramiento o a causa de la oscuridad, lo cierto es que la nariz no toleró la presencia de un cuerpo extraño y dio muestras de estornudar."
En los baños públicos
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—¡Oye, tú..., quien seas! —gritó un señor gordo, de blancas carnes, al divisar entre la bruma a un hombre alto y escuálido, con una barbita delgada y una cruz de cobre sobre el pecho—. ¡Dame más vaho!
Enemigos
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"Después de las nueve de una oscura noche de setiembre, en casa del doctor Kirilov, médico del zemstvo fallecía de difteria su único hijo, Andrés, de seis años de edad. Cuando la esposa del médico se arrodilló ante la camita del niño muerto y se sintió invadida por el primer ataque de desesperación, en el vestíbulo sonó ásperamente el timbre."
Enemigos (Vragi, 1877)
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Después de las nueve de una oscura noche de setiembre, en casa del doctor Kirilov, médico del zemstvo1 fallecía de difteria su único hijo, Andrés, de seis años de edad.
Escándalo, Un
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"Macha Pavletskaya, una muchachita que acababa de terminar sus estudios en el Instituto y ejercía el cargo de institutriz en casa del señor Kuchkin, se dijo, al volver del paseo con los niños: «¿Qué habrá pasado aquí?» El criado que le abrió la puerta estaba colorado como un cangrejo y visiblemente alterado. Se oía en las habitaciones interiores un trajín insólito. «Acaso la señora -siguió pensando la muchacha- esté con uno de sus ataques o le haya armado un escándalo a su marido.»"
Estudiante, El
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"En principio, el tiempo era bueno y tranquilo. Los mirlos gorjeaban y de los pantanos vecinos llegaba el zumbido lastimoso de algo vivo, igual que si soplaran en una botella vacía. Una chocha inició el vuelo, y un disparo retumbó en el aire primaveral con alegría y estrépito. Pero cuando oscureció en el bosque, empezó a soplar el intempestivo y frío viento del este y todo quedó en silencio. Los charcos se cubrieron de agujas de hielo y el bosque adquirió un aspecto desapacible, sórdido y solitario. Olía a invierno."
Exageró la nota
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"La finca a la cual se dirigía para efectuar el deslinde distaba unos treinta o cuarenta kilómetros, que el agrimensor Gleb Smirnov Gravrilovich tenía que recorrer a caballo. Se había apeado en la estación de Gñilushki."
Exageró la nota (2)
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La finca a la cual se dirigía para efectuar el deslinde distaba unos treinta o cuarenta kilómetros, que el agrimensor Gleb Smirnov Gravrilovich tenía que recorrer a caballo. Se había apeado en la estación de Grilushki.
Excelentes personas
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Había una vez en Moscú un hombre llamado Vladimir Semiónich Liadovski. Había obtenido su grado universitario en la Facultad de Leyes y tenía un puesto en el consejo administrativo de cierto ferrocarril; pero si se le preguntaba cuál era su oficio, sus grandes ojos brillantes miraban con candor y franqueza a través de sus gafas doradas, y su agradable, aterciopelada, ceceante voz de barítono respondía:
Fracaso, El
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Elías Serguervitch Peplot y su mujer, Cleopatra Petrovna, aplicaban el oído a la puerta y escuchaban ansiosos lo que ocurría detrás. En el gabinete se desarrollaba una explicación amorosa entre su hija Natáchinka y el maestro de la escuela del distrito, Schúpkin.
Gaviota, La
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De uno de los escritores rusos más sobresalientes del siglo pasado: La gaviota. Obra que, además, fue muy importantes en su época, pues introduce grandes innovaciones en el teatro dramático ruso, combinando realidad y poesía. Pieza notable donde los personajes, seres sencillos, melancólicos, profundamente humanos, se mueven en torno o grandes ideales, pero son trágicamente destruidos por fatalidades que ellos mismos han cooperado a construir. Obra que representa el espíritu de la Rusia del siglo XIX y que es una muestra ejemplar de aquello que constituye el núcleo del teatro de Chejov: lo resignación del hombre a la vida cotidiano y su acontecer.
Gente sobrante
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"Son las seis de la tarde de un día del mes de junio. Desde el apeadero de Jikovo y en dirección a la colonia veraniega marcha un grupo de veraneantes recién bajados del tren. Son, en su mayor parte, padres de familia, y van cargados de paquetes, carteras, sombrereras y esas cajas de cartón que guardan las creaciones de la moda femenina. Todos presentan un aspecto cansado, hambriento y malhumorado, como si para ellos no brillara el sol ni floreciera la hierba."
Gente sobrante.
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Son las seis de la tarde de un día del mes de junio. Desde el apeadero de Jikovo y en dirección a la colonia veraniega marcha un grupo de veraneantes recién bajados del tren. Son, en su mayor parte, padres de familia, y van cargados de paquetes, carteras, sombrereras y esas cajas de cartón que guardan las creaciones de la moda femenina.
Gordo y el flaco, El
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"En una estación de ferrocarril de la línea Nikoláiev se encontraron dos amigos: uno, gordo; el otro, flaco. El gordo, que acababa de comer en la estación, tenía los labios untados de mantequilla y le lucían como guindas maduras. Olía a Jere y a Fleure d'orange. El flaco acababa de bajar del tren e iba cargado de maletas, bultos y cajitas de cartón. Olía a jamón y a posos de café. Tras él asomaba una mujer delgaducha, de mentón alargado -su esposa-, y un colegial espigado que guiñaba un ojo -su hijo."
Grischa
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Grischa, chiquillo gordinflón, nacido hace dos años y ocho meses, pasea con su niania2, por el bulevar. Va vestido con un abrigo adornado de guata, una bufanda, un gran gorro adornado con una borla, y chanclos de abrigo.
Historia de mi vida
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"Desde que era mozo había yo cambiado ocho veces de empleo. Mi padre, arquitecto del Ayuntamiento, estaba desolado. A pesar de que todas las veces que había yo servido al Estado lo había hecho en distintos ministerios, mis empleos se parecían unos a otros como gotas de agua: mi obligación era permanecer sentado horas y horas ante la mesa-escritorio, escribir, oír observaciones estúpidas o groseras y esperar la cesantía."
Historia de mi vida (Moia zhizn)
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Con motivo de la pérdida de mi último destino tuve, como es natural, una explicación enojosa con el autor de mis días. Cuando entré en su despacho, estaba hundido en su profundo sillón y tenía los ojos cerrados. En su rostro enjuto, de mejillas rasuradas y azules, parecido al de un viejo organista católico, se pintaba la sumisión al destino.
Historia de un contrabajo
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“Procedente de la ciudad, el músico Smichkov se dirigía a la casa de campo del príncipe Bibulov, en la que, con motivo de una petición de mano, había de tener lugar una fiesta con música y baile. Sobre su espalda descansaba un enorme contrabajo metido en una funda de cuero. Smichkov caminaba por la orilla del río, que dejaba fluir sus frescas aguas, si no majestuosamente, al menos de un modo suficientemente poético. "¿Y si me bañara?", pensó.”
Hombre enfundado, Un
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"En un extremo de la aldea Mironositsky, en la porchada del alcalde Prokofy, se habían instalado para pasar la noche, dos cazadores llegados al pueblo mucho después de anochecer: el veterinario Iván Ivanovich y el maestro de escuela Burkin."
Hombres que están de más, Los
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"Son las siete de la tarde. Un día caluroso del mes de junio. Del apeadero de Hilkobo, una multitud de personas que han llegado en el tren encamínase a la estación veraniega. Casi todos los viajeros son padres de familia, cargados de paquetes, carpetas y sombrereras. Todos tienen el aspecto cansado, hambriento y aburrido, como si para ellos no resplandeciera el sol y no creciera la hierba."
Iónich
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"Cuando los recién llegados a la ciudad de provincias S. se quejaban de lo aburrida y monótona que era la vida en ella, los habitantes de esa ciudad, como justificándose decían que, al contrario, en S. se estaba muy bien, que en S. había una biblioteca, un teatro, un club, se celebraban bailes y -añadían finalmente- había algunas familias interesantes, agradables e inteligentes con las que podían relacionarse."
Ionich (2a. versión)
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"Cuando los recién llegados a S., capital de provincia, se quejaban del aburrimiento y de la monotonía de la vida, los habitantes de la ciudad, como justificándose, decían que, por el contrario, en S. se estaba muy bien; que había allí una biblioteca, un teatro, un club; que había bailes y que, por fin, había familial inteligentes, interesantes y agradables, con las cuales se podía trabar conocimiento.Y mencionaban a la familia de los Turkin como la más instruida y talentosa."
Ionych
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Cuando los recién llegados a la ciudad de provincias S. se quejaban de lo aburrida y monótona que era la vida en ella, los habitantes de esa ciudad, como justificándose decían que, al contrario, en S. se estaba muy bien, que en S. había una biblioteca, un teatro, un club, se celebraban bailes y—añadían finalmente— había algunas familias interesantes, agradables e inteligentes con las que podían relacionarse. Y mencionaban a los Turkin como los más instruidos y de mayores talentos.
Islas voladoras, Las
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"—¡He terminado, caballeros! —dijo Mr. John Lund, joven miembro de la Real Sociedad Geográfica, mientras se desplomaba exhausto sobre un sillón. La sala de asambleas resonó con grandes aplausos y gritos de ¡bravo! Uno tras otro, los caballeros asistentes se dirigieron hacia John Lund y le estrecharon la mano. Como prueba de su asombro, diecisiete caballeros rompieron diecisiete sillas y torcieron ocho cuellos, pertenecientes a otros ocho caballeros, uno de los cuales era el capitán de La Catástrofe, un yate de 100.000 toneladas."
Ivan Matveích
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"Son las cinco. Un renombrado sabio ruso (le diremos sencillamente sabio) está frente a su escritorio y se muerde las uñas. -¡Esto es indignante! -dice a cada momento, consultando su reloj-. ¡Es una falta de respeto para con el tiempo y el trabajo ajenos!..."
Jardín de los Cerezos, El
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Chejov introdujo un cambio radical en la formas de la dramaturgia, dando a la accion dramática una estructura nueva capaz de abarcar cualquier manifestacion de vida. Con una simple sucesión de cuadros cotidianos logra impresiones generales, a veces de gran intensidad. La pintura sutil, la fluidez del diálogo, la novedad, y lo candente de los temas ganaron al al público y le dieron una gran popularidad en vida.
Juguete cómico
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“JIRIN.-(A gritos, y asomando la cabeza por la puerta.) ¡Diga que compren en la farmacia quince «kopeikas» de gotas de valeriana y que traigan también al despacho del director agua fresca!... ¡Hay que decírselo cien veces! (Yendo hacia la mesa.)”
LA CASA DEL SOTABANCO (Relato de un pintor)
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Ello sucedió hace unos seis o siete años, cuando yo vivía en uno de los distritos de la gobernación T en la propiedad del terrateniente Belokurov, hombre joven que se levantaba muy temprano, andaba vestido con una podiovka, por las noches tomaba cerveza y se quejaba siempre de que en nadie ni en ninguna parte encontraba comprensión.
La cerilla sueca
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En la mañana del 6 de octubre de 1885, en el despacho del stanovoy (jefe local de policía) del segundo distrito, presentóse un joven bien vestido y manifestó que el corneta retirado de la Guardia, Marko Ivanovich Kliansov, había sido asesinado. Mientras declaraba, el joven estaba pálido y muy agitado. Le temblaban las manos y miraba con ojos horrorizados.
La Cigarra
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"Todos los amigos y conocidos de Olga Ivanova estaban presentes en su boda. -Mírenlo bien: ¿verdad que hay algo de particular en él? - decía ella a sus amigos señalando con la cabeza a su marido y como deseando explicar por qué se había casado con un hombre simple, muy común y nada destacable."
La Corista (Otra Versión)
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"Una vez, cuando ella era más joven, más bonita y tenía más voz, Nicolay Petrovich Kolpakov, su ad¬mirador, estaba de visita en la casa de campo que ella alquilaba cerca de la ciudad. El día era muy ca¬luroso y pesado. Kolpakov acababa de almorzar, había bebido una botella entera de Oporto, de ma¬la calidad, y se sentía indispuesto y malhumorado. Ambos estaban aburridos y esperaban que bajara el calor para salir a pasear."
La cronología viviente
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El salón del consejero áulico Charamúkin se halla envuelto en discreta penumbra. El gran quinqué de bronce con su pantalla verde imprime un tono simpático al mobiliario, a las paredes; y en la chimenea, los tizones chisporrotean, lanzando destellos intermitentes que alumbran la estancia con una claridad más viva.
La Dama del Perrito
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"Decían que en la avenida apareció una figura nueva: una dama con un perrito. Dmitry Dmitrich Gurov, que ya llevaba dos semanas en Yalta y se había acostumbrado al lugar, empezó, también él, a sentir interés por las caras nuevas. Sentado en el pabellón Vernet, vio pasar por la avenida a una dama joven, rubia, de mediana estatura y tocada con una boina; tras ella corría un blanco perro de pomerania."
La esposa (Supruga)
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—Ya le he dicho que no me toque la mesa—exclamó Nikolai Evrafych—. Cada vez que me la arregla usted no puedo encontrar nada. ¿Dónde está el telegrama? ¿Dónde lo ha echado usted? Haga el favor de buscarlo. Lo mandan desde Kazan y lleva fecha de ayer.
La Gaviota
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"Esta conocida y corta obra teatral de Chejov en cuatro actos narra una intensa tragedia amorosa con el protagonismo central de Nina, una atractiva mujer con pretensiones de convertirse en actriz. La penetrante plasmación de diferentes emociones y sensibilidades y el diestro manejo y descripción de personajes hacen de este texto uno de los más conseguidos del maestro ruso."
La Muerte de un Funcionario Público
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El gallardo alguacil Iván Dmitrievitch Tcherviakof hallábase en la segunda fila de butacas y veía a través de los gemelos Las Campanas de Corneville. Miraba y sentíase del todo feliz..., cuando, de repente... -en los cuentos ocurre muy a menudo el «de repente»; los autores tienen razón: la vida está llena de improvisos-, de repente su cara se contrajo, guiñó los ojos, su respiración se detuvo..., apartó los gemelos de los ojos, bajó la cabeza y... ¡pchi!, estornudó. Como usted sabe, todo esto no está vedado a nadie en ningún lugar.
La mujer del boticario
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La pequeña ciudad de B, compuesta de dos o tres calles torcidas, duerme con sueño profundo. El aire, quieto, está lleno de silencio. Sólo a lo lejos, en algún lugar seguramente fuera de la ciudad, suena el débil y ronco tenor del ladrido de un perro. El amanecer está próximo.
La Novia
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"Eran ya las diez de la noche y la luna llena iluminaba el jardín. En la casa de los Shumin acababan de cantar la misa encargada por la abuela, Marfa Mijailovna. Desde el jardín, adonde había ido por un rato, Nadia vio poner la mesa en la sala, y a su abuela, con un pomposo vestido de seda, afanarse en las habitaciones; el padre Andrey, arcipreste de la catedral, hablaba con la madre de Nadia, Nina Ivanovna, que en este momento, con la iluminación nocturna y a través de la ventana, parecía extrañamente joven; cerca de ellos se hallaba de pie Andrey Andreich, hijo del padre Andrey, escuchando con atención."
La obra de arte
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Sacha Smirnov, hijo único, entró con mustio semblante en la consulta del doctor Kochelkov. Debajo del brazo llevaba un paquete envuelto en el número 223 de Las noticias de la Bolsa. —¡Hola, jovencito! ¿Qué tal nos encontramos? ¿Qué se cuenta de bueno? —le preguntó, afectuosamente, el médico.
La pena
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"El tornero Gregorio Petrov, desde hace tiempo conocido como un excelente artesano y al mismo tiempo como el mujik más desordenado del distrito de Galchinsk, conduce a su vieja, enferma, al hospital rural. Debe viajar unas treinta verstas y el camino es tan malo que ni siquiera el correo oficial podría pasar, sin hablar ya de semejante haragán como el tornero Gregorio. El viento, cortante y frío, pega directamente en la cara. En el aire, por donde uno mire, se arremolinan enjambres de copos de nieve, de modo que es difícil distinguir si la nieve cae del cielo o sube de la tierra. "
La pena (2)
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El tornero Gregorio Petrov, desde hace tiempo conocido como un excelente artesano y al mismo tiempo como el mujik más desordenado del distrito de Galchinsk, conduce a su vieja, enferma, al hospital rural. Debe viajar unas treinta verstas y el camino es tan malo que ni siquiera el correo oficial podría pasar, sin hablar ya de semejante haragán como el tornero Gregorio.
La Princesa
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"Un coche tirado por cuatro hermosos y bien alimentados caballos atravesó el gran portón, denominado «Rojo», del monasterio masculino N.; los monjes-prestes y los novicios, agolpados frente al pabellón de hospedaje, junto al ala reservada para los nobles, ya desde lejos habían reconocido -por el cochero y los caballos- en la dama que venía en el coche, a su antigua visitante, la princesa Vera Gavrilovna."
La sala número 6
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"En el patio del hospital hay un pequeño pabellón rodeado de un verdadero bosque de cardos, ortigas y cáñamo silvestre. Su techumbre está oxidada, la chimenea medio caída, los escalones de la entrada se hallan podridos y cubiertos de hierba, y del yeso del enlucido no quedan más que las huellas."
La señora del perrito (1899)
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Un nuevo personaje había aparecido en la localidad: una señora con un perrito. Dmitri Dmitrich Gurov, que por entonces pasaba una temporada en Yalta, empezó a tomar algún interés en los acontecimientos que ocurrían. Sentado en el pabellón de Verney, vio pasearse junto al mar a una señora joven, de pelo rubio y mediana estatura, que llevaba una boina; un perrito blanco de Pomerania corría delante de ella.
La singular especificación del agente de fincas
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En cuanto el teniente Drummond Keith abandonó la sala, la conversación acerca de su persona estalló como una tormenta. Esto se debía a múltiples y diversas características singulares. Era un hombre ligero y airoso que se vestía con ropas airosas y ligeras, blancas por lo general, como si estuviera en los trópicos. Era enjuto y agraciado como una pantera, y tenía los ojos negros, de expresión inquieta.
La tristeza
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La capital está envuelta en las penumbras vespertinas. La nieve cae lentamente en gruesos copos, gira alrededor de los faroles encendidos, se extiende, en fina, blanda capa, sobre los tejados, sobre los lomos de los caballos, sobre los hombros humanos, sobre los sombreros.
La víspera de la Cuaresma
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—¡Pawel Vasilevitch! —grita Pelagia Ivanova, despertando a su marido—. Pawel Vasilevitch, ayuda un poco a Stiopa, que está preparando sus lecciones y llora. Pawel Vasilevitch, bostezando y haciendo la señal de la cruz delante de la boca, contesta bondadosamente: —Ahora mismo, mi alma.
La vispera del juicio (2)
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La víspera del juicio (memorias de un reo)
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Aun sin liebre, mi situación era desesperada. Yo iba al tribunal del distrito a sentarme en el banquillo de los acusados, con objeto de responder a una acusación por bigamia. Hacía un tiempo atroz. Al llegar a la estación, me encontraba cubierto de nieve, mojado, maltrecho, como si me hubieran dado de palos; hallábame transido de frío y atontado por el vaivén monótono del trineo.
Las Bellas
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Recuerdo cómo, siendo colegial del quinto o sexto año, viajaba yo desde el pueblo de Bolshoi Krepkoi, de la región de Don, a Kostov, acompañando a mi abuelo. Era un día de agosto, caluroso y penosamente aburrido.
Los campesinos
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El camarero del Hotel Eslavo Nicolás Chikildieyev había enfermado. Un día, perdido casi por completo el vigor de las piernas, se había caído de bruces en mitad del pasillo llevando en la mano una fuente de jamón con guisantes. Y se había visto obligado a dejar su colocación. Habíase gastado, cuidándose, todos sus ahorros y los de su mujer, y ya no le quedaba nada para vivir.
Los extraviados
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Es un lugar de veraneo. La obscuridad, completa; el campanario de la iglesia marca la una de la noche. Cosiaokin y Lapkin, ambos algo titubeantes, pero de muy buen humor, salen del bosque y se dirigen hacia las casitas.
Los hombres que están de más
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Son las siete de la tarde. Un día caluroso del mes de junio. Del apeadero de Hilkobo, una multitud de personas que han llegado en el tren encamínase a la estación veraniega. Casi todos los viajeros son padres de familia, cargados de paquetes, carpetas y sombrereras. Todos tienen el aspecto cansado, hambriento y aburrido, como si para ellos no resplandeciera el sol y no creciera la hierba.
Los simuladores
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Marfa Petrovna, la viuda del general Pechonkin, ejerce, unos diez años ha, la medicina homeopática y recibe los martes por la mañana a los aldeanos enfermos que acuden a consultarla. Es una hermosa mañana del mes de mayo. Delante de ella, sobre la mesa, vese un estuche con medicamentos homeopáticos, los libros de medicina y las cuentas de la farmacia donde se surte la generala. En la pared, con marcos dorados, figuran cartas de un homeópata de Petersburgo, que Marfa Petrovna considera como una celebridad, así como el retrato del Padre Aristarco, que la libró de los errores de la alopatía y la encaminó hacia la verdad.
Los veraneantes
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Por el andén de cierto punto de veraneo, hacia arriba y hacia abajo, paseaba una parejita de recién casados. Él la sostenía por el talle; ella se ceñía contra él y ambos se sentían felices. La luna, por entre los jirones de nubes, les miraba frunciendo el entrecejo. Con seguridad sentía envidia y enojo por su aburrida y forzosa virginidad. El aire inmóvil estaba impregnado de olor a lilas y acacias. Al otro lado de la vía, lanzaba un pájaro agudos sonidos.
Martires, Los
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" Lisa Kudrinsky, una señora joven y muy cortejada, se ha puesto de pronto tan enferma, que su marido se ha quedado en casa en vez de irse a la oficina, y le ha telegrafiado a su madre."
Máscara, La
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“En el club social de la ciudad de X se celebraba, con fines benéficos, un baile de máscaras o, como le llamaban las señoritas de la localidad, "un baile de parejas". Era ya medianoche. Unos cuantos intelectuales sin antifaz, que no bailaban - en total eran cinco -, estaban sentados en la sala de lectura, alrededor de una gran mesa, y ocultas sus narices y barbas detrás del periódico, leían, dormitaban o, según la expresión del cronista local de los periódicos de la capital, meditaban.”
Muchachos
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"–¡Llegó Volodia! –gritó alguien en el patio. –¡Llegó Volodechka! –chilló Natalia al entrar corriendo en el comedor–. ¡Ah, Dios mío! La familia Korolev en pleno, que desde hacía muchas horas estuvo esperando a suVolodia, corrió hacia las ventanas. Junto a la entrada había un espacioso trineo, y los tres caballos blancos parecían envueltos en una espesa nube de vapor. El trineo estaba vacío, puesto que Volodia se encontraba ya en el vestíbulo y con los dedos enrojecidos por el frío trataba de desatar la capucha."
Muchachos, Los
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“Toda la familia de Korolev, que esperaba de un momento a otro la llegada de Volodia, corrió a las ventanas. En el patio, junto a la puerta, se veían unos amplios trineos, arrastrados por tres caballos blancos, a la sazón envueltos en vapor. Los trineos estaban vacíos; Volodia se hallaba ya en el vestíbulo, y hacía esfuerzos para despojarse de su bufanda de viaje. Sus manos rojas, con los dedos casi helados, no le obedecían. Su abrigo de colegial su gorra, Sus chanclos y sus cabellos estaban blancos de nieve.”
Muerte de un funcionario
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“En una tarde maravillosa, el no menos maravilloso alguacil Iván Dmítrich Cherviakov se hallaba sentado en la segunda fila de butacas y miraba con los gemelos Las campanas de Corneville. Miraba y se sentía lleno de felicidad. Pero de pronto... En los relatos aparecen con frecuencia estos «pero, de pronto». Los autores tienen razón: la vida está llena de imprevistos.”
Mujer del boticario, La
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"La pequeña ciudad de B***, compuesta de dos o tres calles torcidas, duerme con sueño profundo. El aire, quieto, está lleno de silencio. Sólo a lo lejos, en algún lugar seguramente fuera de la ciudad, suena el débil y ronco tenor del ladrido de un perro. El amanecer está próximo. Hace tiempo que todo duerme."
Noche de espanto, Una
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"Palideciendo, Iván Ivanovitch Panihindin empezó la historia con emoción: – Densa niebla cubría el pueblo, cuando, en la Noche Vieja de 1883 regresaba a casa. Pasando la velada con un amigo, nos entretuvimos en una sesión espiritualista. Las callejuelas que tenía que atravesar estaban negras y había que andar casi a tientas. Entonces vivía en Moscú, en un barrio muy apartado. El camino era largo; los pensamientos confusos; sentía el corazón oprimido..."
Pabellón número 6, El
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"En el patio del hospital hay un pequeño pabellón circundado de cardos, hortigas y cáñamo silvestre. Tiene el tejado mohoso, la chimenea semiderrengada, los escalones del porche carcomidos y cubiertos de abrojos; y del revoque no quedan sino huellas. Su fachada principal da al hospital, y la posterior, al campo, del que la separa una valla gris, llena de clavos. Los clavos en cuestión están colocados punta arriba; y la valla y el propio pabellón presentan ese aspecto tan peculiar, triste y abandonado que sólo se encuentra en Rusia en los edificios de hospitales y cárceles."
Padre de familia, Un
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"Lo que contaré sucede, generalmente, después de perder al juego o después de una borrachera o un ataque estomacal. Stefan Stefanovich Gilin se despierta de pésimo humor. Refunfuña, levanta las cejas, se le eriza el pelo; su rostro es cetrino; se diría que le han ofendido o que algo le produce repugnancia. Se viste despacio, bebe su agua de Vichy y va de una habitación a otra."
Palata Número 6
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En el patio del hospital hay un pequeño pabellón circundado de cardos, ortigas y cáñamo silvestre. Tiene el tejado mohoso, la chimenea semiderrengada, los escalones del porche carcomidos y cubiertos de abrojos; y del revoque no quedan sino huellas. Su fachada principal da al hospital, y la posterior, al campo, del que la separa una valla gris, llena de clavos. Los clavos en cuestión están colocados punta arriba; y la valla y el propio pabellón presentan ese aspecto tan peculiar, triste y abandonado que sólo se encuentra en Rusia en los edificios de hospitales y cárceles.
Pequeñeces
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"Nicolás Ilich Beliaev, propietario de casas en Petersburgo y asiduo concurrente a las carreras, hombre joven, de unos treinta y dos años, bien alimentado y de sonrosadas mejillas, entró al anochecer en casa de la señora Olga Ivanovna Irnina, con la cual tenía relaciones o, según su expresión, arrastraba una larga y aburrida novela."
Pequeñez, Una
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"Nicolás Ilich Beliayev, rico propietario de Petersburgo, aficionado a las carreras de caballos, joven aún -treinta y dos años-, grueso, de mejillas sonrosadas, contento de sí mismo, se encaminó, ya anochecido, a casa de Olga Ivanovna Irnina, con la que vivía, o, como decía él, arrastraba una larga y tediosa novela. En efecto: las primeras páginas, llenas de vida e interés, habían sido saboreadas, hacía mucho tiempo, y las que las seguían sucedíanse sin interrupción, monótonas y grises."
Polinka
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Las dos de la tarde. Por la gran mercería «Novedades de París», situada en una de las galerías, bulle una muchedumbre de compradores y se escucha el runruneo de las voces de los dependientes, semejante al que suele producirse en el colegio cuando el profesor obliga a todos los niños a estudiarse algo de memoria y en voz alta. Pero ese monótono rumor no interrumpía la risa de las señoras, ni el chirrido de la puerta cristalera de entrada, ni el correr de los chicos para los recados.
Poquita cosa
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"Siéntese, Yulia Vasilievna -le dije- . Arreglemos nuestras cuentas. A usted seguramente le hará falta dinero, pero es usted tan ceremoniosa que no lo pedirá por sí misma... Veamos... Nos habíamos puesto de acuerdo en treinta rublos por mes..."
Poquita cosa.
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Hace unos días invité a Yulia Vasilievna, la institutriz de mis hijos, a que pasara a mi despacho. Teníamos que ajustar cuentas. —Siéntese, Yulia Vasilievna —le dije—. Arreglemos nuestras cuentas. A usted seguramente le hará falta dinero, pero es usted tan ceremoniosa que no lo pedirá por sí misma... Veamos... Nos habíamos puesto de acuerdo en treinta rublos por mes...
Público, Qué
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-¡Basta! ¡Ya no vuelvo a beber!... Por nada del mundo. Tiempo es de ponerme al trabajo... ¿Te gusta recibir tu sueldo? Pues trabaja honradamente, con celo, sin tregua ni reposo. Acaba de una vez con las granujerías... Te has acostumbrado a cobrar tu paga en balde, y esto es malo...; esto no es honrado...
Que están de más, Los hombres
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Entre los demás anda también Davel Ivanovitch Zaikin, miembro del Tribunal del distrito, hombre alto y delgado, provisto de un abrigo barato y de una gorra desteñida.
Qué público
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—¡Basta! ¡Ya no vuelvo a beber!... Por nada del mundo. Tiempo es de ponerme al trabajo... ¿Te gusta recibir tu sueldo? Pues trabaja honradamente, con celo, sin tregua ni reposo. Acaba de una vez con las granujerías... Te has acostumbrado a cobrar tu paga en balde, y esto es malo...; esto no es honrado...
Recopilación de cuentos de Chejov
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Réquiem
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En la iglesia de la Virgen de Odigitrievskaia, situada en el pueblo de Verknie-Saprudi, acaba de terminar la misa. La gente se pone en movimiento y sale de la iglesia. El único que no se mueve es el comerciante de coloniales Andrei Andreich, el inteligente de Verknie-Saprudi, antiguo vecino de la localidad. Permanece apoyado contra la balaustrada del lugar destinado al coro y espera.
Señora del perrito, La
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“Un nuevo personaje había aparecido en la localidad: una señora con un perrito. Dmitri Dmitrich Gurov, que por entonces pasaba una temporada en Yalta, empezó a tomar algún interés en los acontecimientos que ocurrían. Sentado en el pabellón de Verney, vio pasearse junto al mar a una señora joven, de pelo rubio y mediana estatura, que llevaba una boina; un perrito blanco de Pomerania corría delante de ella.”
Sobre el amor
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En el desayuno del día siguiente sirvieron unas tortitas deliciosas, cangrejos de río y chuletas de carnero, y mientras nos desayunábamos subió Nikanor, el cocinero, a preguntar qué deseaban los visitantes para la comida. Era hombre de mediana estatura, rostro abotagado y ojos pequeños, totalmente rasurado, y parecía que su bigote no había sido afeitado sino arrancado de cuajo.
Sobre el daño que hace el tabaco
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“Habiendo sido invitada mi mujer a hacerme dar una conferencia con fines benéficos sobre un tema popular..., he de decirles que, por lo que a mí respecta, el asunto de esta me es indiferente... ¿Que hay que dar una conferencia?... Pues a dar una conferencia... No soy profesor, y estoy muy lejos de poseer la menor categoría científica; pero, sin embargo, hace ya treinta años que trabajo de un modo incesante, y hasta con perjuicio..., podría decir..., de mi propia salud, en cuestiones de un carácter puramente científico...”
Talento, El (Chejov)
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"El pintor Yegor Savich, que se hospeda en la casa de campo de la viuda de un oficial, está sentado en la cama, sumido en una dulce melancolía matutina. Es ya otoño. Grandes nubes informes y espesas se deslizan por el firmamento; un viento, frío y recio, inclina los árboles y arranca de sus copas hojas amarillas. ¡Adiós, estío!"
Tío Vania
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"ASTROV. -Sí. En diez años me he vuelto otro hombre... ¿Y por qué causa?... Porque trabajo demasiado, ama... No conozco el descanso, y hasta por la noche, bajo la manta, estoy siempre temiendo que vengan a llamarme para ir a ver a algún enfermo. Desde que nos conocemos no he tenido un día libre, y así..., ¿quién no va a envejecer? Además, la vida de por sí es aburrida, tonta, sucia... Eso también influye mucho. A tu alrededor no ves más que gentes absurdas, y ..."
Tio Vania (2)
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Trágico, El
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"La función era un éxito. El trágico hacía milagros: gritaba, aullaba como una fiera, daba patadas en el suelo, se golpeaba el pecho con los puños de un modo terrible, se rasgaba las vestiduras, temblaba en los momentos patéticos de pies a cabeza, como nunca se tiembla en la vida real, jadeaba como una locomotora."
Tres hermanas
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"OLGA.-Hoy hace un año justo que murió nuestro padre... Exactamente en este cinco de mayo, Irina, día de tu santo... Hacía mucho frío y nevaba... Creí entonces no poder sobrevivir a aquello... Tú te habías desmayado y estabas tendida como una muerta..."
Tristeza
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"Crepúsculo vespertino. Los copos de nieve, grandes, húmedos, giran perezosamente alrededor de los faroles, recién encendidos, y van cubriendo con una delgada y suave capa los tejados, los lomos de los caballos, los hombros, las gorras. El cochero Iona Potapov está blanco como si fuera un aparecido. Encorvado cuanto puede estarlo un cuerpo viviente, se halla sentado, inmóvil, sobre el banco."
Tristeza, La
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"La capital está envuelta en las penumbras vespertinas. La nieve cae lentamente en gruesos copos, gira alrededor de los faroles encendidos, se extiende, en fina, blanda capa, sobre los tejados, sobre los lomos de los caballos, sobre los hombros humanos, sobre los sombreros."
Un asesinato
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Un drama
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—Una señora pregunta por usted, Pavel Vasilich! —dijo el criado—. Hace una hora que espera. Pavel Vasilich acababa de almorzar. Hizo una mueca de desagrado, y contestó: —¡Al diablo! ¡Dile a esa señora que estoy ocupado!
Un dvornik inteligente
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De pie, en el centro de la cocina, el dvornik1 Filipp moralizaba. Sus oyentes eran los lacayos, el cochero, dos doncellas, el cocinero, la cocinera y dos pinches, sus hijos. Todas las mañanas moralizaba sobre algo, siendo en aquella el tema de su discurso la instrucción.
Un Escándalo
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Macha Pavletskaya, una muchachita que acababa de terminar sus estudios en el Instituto y ejercía el cargo de institutriz en casa del señor Kuchkin, se dijo, al volver del paseo con los niños: «¿Qué habrá pasado aquí?» El criado que le abrió la puerta estaba colorado como un cangrejo y visiblemente alterado. Se
Un hombre irascible
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Yo soy un hombre formal y mi cerebro tiene inclinación a la filosofía. Mi profesión es la de financiero. Estoy estudiando la ciencia económica, y escribo una disertación bajo el título de «El pasado y el porvenir del impuesto sobre los perros». Usted comprenderá que las mujeres, las novelas, la luna y otras tonterías por el estilo me tienen completamente sin cuidado.
Un padre de familia
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Lo que voy a referir sucede generalmente después de una pérdida al juego o una borrachera o un ataque de catarro estomacal. Stefan Stefanovitch Gilin despiértase de muy mal humor. Refunfuña, frunce las cejas, se le eriza el pelo; su rostro es cetrino; diríase que le han ofendido o que algo le inspira repugnancia. Vístese despacio, bebe su agua de Vichy y va de una habitación a otra.
Un viaje de novios
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Sale el tren de la estación de Balagore, del ferrocarril Nicolás. En un vagón de segunda clase, de los destinados a fumadores, dormitan cinco pasajeros. Habían comido en la fonda de la estación, y ahora, recostados en los cojines de su departamento, procuran conciliar el sueño.
Una Apuesta (2)
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Era una oscura noche de otoño. El viejo banquero caminaba en su despacho, de un rincón a otro, recordando una recepción que había dado quince años antes, en otoño. Asistieron a esta velada muchas personas inteligentes y se oyeron conversaciones interesantes. Entre otros temas se habló de la pena de muerte. La mayoría de los visitantes, entre los cuales hubo no pocos hombres de ciencia y periodistas, tenían al respecto una opinión negativa. Encontraban ese modo de castigo como anticuado, inservible e inmoral para los estados cristianos. Algunos opinaban que la pena de muerte debería reemplazarse en todas partes por la reclusión perpetua.
Una bromita
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"Un claro mediodía de invierno... El frío es intenso, el hielo cruje, y a Nadeñka, que me tiene agarrado del brazo, la plateada escarcha le cubre los bucles en las sienes el vello encima del labio superior. Estamos sobre una alta colina."
Una Pequeñez (2)
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Nicolás Ilich Beliayev, rico propietario de Pertersburgo, aficionado a las carreras de caballos, joven aún -treinta y dos años-, grueso, de mejillas sonrosadas, contento de sí mismo, se encaminó, ya anochecido, a casa de Olga Ivanovna Irnina, con la que vivía, o, como decía él, arrastraba una larga y tediosa novela. En efecto: las primeras páginas, llenas de vida e interés, habían sido saboreadas, hacía mucho tiempo, y las que las seguían sucedíanse sin interrupción, monótonas y grises.
Una perra cara
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El maduro oficial de infantería Dubov y el voluntario Knaps, sentados uno junto a otro, bebían unas copas. —¡Magnífico perro!... —decía Dubov mostrando a Knaps a su perro Milka—. ¡Un perro extraordinario!... ¡Fíjese, fíjese bien en el morro que tiene!... ¡Lo que valdrá sólo el morro!... Si lo viera un aficionado, tan sólo por el morro pagaría doscientos rublos. ¿No lo cree usted?... Si no es así, es que no entiende nada de esto. —Sí que entiendo, pero...
Vanka
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"Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad."
VANKA (Otra Traducción)
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"Vañka Zhukov, chicuelo de nueve años, desde hacía tres meses aprendiz del, zapatero Aliagin, en la Nochebuena no tenía prisa en acostarse. Una vez que el patrón y sus ayudantes se hubieron ido a los maitines, extrajo del armario un frasquito con tinta y un portaplumas con pluma oxidada, alisó una arrugada hoja de papel y se dispuso a escribir. Antes de trazar la primera letra, varias veces se volvió, con temor, hacia la puerta y las ventanas; miró de reojo el oscuro icono, por ambos lados del cual se extendían estantes con filas de hormas, y dejó escapar un suspiro entrecortado. El papel se hallaba puesto sobre un banco y el chicuelo estaba arrodillado ante aquél."
Vecinos
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Piotr Mijáilich Ivashin estaba de muy mal humor: su hermana, una muchacha soltera, se había fugado con Vlásich, que era un hombre casado. Tratando de ahuyentar la profunda depresión que se había apoderado de él y que no lo dejaba ni en casa ni en el campo, llamó en su ayuda al sentimiento de justicia, sus honoradas convicciones (¡porque siempre había sido partidario de la libertad en el campo!), pero esto no le sirvió de nada, y cada vez, contra su voluntad, llegaba a la misma conclusión: que la estúpida niñera, es decir, que su hermana había obrado mal y que Vlásich la había raptado. Y esto era horroroso.
Verochka
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"Iván Alekseich Ognev recuerda cómo en aquella noche de agosto abrió, haciéndola sonar, la puerta de vidrio y salió a la terraza. Llevaba puestos entonces una liviana capa con esclavina y un sombrero de paja de anchas alas, el mismo que está tirado ahora en el polvo, bajo la cama, junto con las botas de montar. En una mano tenía un gran atado de libros y cuadernos, en la otra, un grueso y nudoso bastón."
Verochka (2)
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Iván Alekséich Ognev recuerda cómo en aquella noche de agosto abrió, haciéndola sonar, la puerta de vidrio y salió a la terraza. Llevaba puestos entonces una liviana capa con esclavina y un sombrero de paja de anchas alas, el mismo que está tirado ahora en el polvo, bajo la cama, junto con las botas de montar. En una mano tenía un gran atado de libros y cuadernos, en la otra, un grueso y nudoso bastón. En la habitación, cerca de la puerta, iluminándole el camino con la lámpara, quedaba de pie el dueño de La casa, Kuznetsov, un viejo calvo de larga barba canosa y vestido con una chaqueta de piqué blanca como la nieve. El viejo sonreía afablemente e inclinaba la cabeza.
Viaje de Novios
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En un vagón de segunda clase, de los destinados a fumadores, dormitan cinco pasajeros.
Víspera de la Cuaresma
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-¿Qué? ¿Estudias? -le pregunta Pawel Vasilevitch, sentándose junto a la mesa y bostezando siempre-. Sí, niño, sí, nos hemos dormido, nos hemos hartado de blinnis(10) y mañana ayunaremos, haremos penitencia y luego a trabajar. Todo lo bueno se acaba. ¿Por qué tienes los ojos llorosos? Se ve que, después de los blinnis, el estudiar te coge cuesta arriba. Eso es..
Víspera del juicio, La
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"-Disgusto tendremos, señorito -me dijo el cochero indicándome con su fusta una liebre que atravesaba la carretera delante de nosotros. Aun sin liebre, mi situación era desesperada. Yo iba al tribunal del distrito a sentarme en el banquillo de los acusados, con objeto de responder a una acusación por bigamia."
Yeguer
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"Era un mediodía caluroso y sofocante. En el cielo no había ni una sola nube... La hierba quemada por el sol miraba lánguida y desesperadamente: aunque lloviera no reverdecería... El bosque se mantenía callado, inmóvil, como si con sus copas estuviera observando o esperando algo."
Zinochka
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"El grupo de cazadores pasaba la noche sobre unas brazadas de fresco heno en la isla de un simple mujik. La luna se asomaba por la ventana, en la calle se oían los tristes acordes de un acordeón, el heno despedía un olor empalagoso, un tanto excitante. Los cazadores hablaban de perros, de mujeres, del primer amor, de becadas."
Zínochka (2)
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"El grupo de cazadores pasaba la noche sobre unas brazadas de fresco heno en la isla de un simple mujik. La luna se asomaba por la ventana, en la calle se oían los tristes acordes de un acordeón, el heno despedía un olor empalagoso, un tanto excitante. Los cazadores hablaban de perros, de mujeres, del primer amor, de becadas. "
Zinochka (Otra Versión)
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"Un grupo de cazadores pernoctaba en una izba, tendidos sobre el heno fresco. La luna asomábase por las ventanas; en la calle un acordeón lanzaba sus tristes quejidos y el heno exhalaba su olor dulzón y algo excitante. Los cazadores hablaban de perros, de mujeres, de primer amor, de las chochas. Una vez que fueron contadas las costillas de todas las señoras conocidas y relatados un centenar de chistes, el más grueso de los cazadores, que en la oscuridad semejaba un montón de heno y que hablaba con la espesa y baja voz de un oficial de estado mayor, bostezó ruidosamente y dijo:..."
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