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Autor:
Eaton, George L.
Echagüe, Pedro
Echegaray, José
Echeverría, Esteban
Eckhart, Meister
Efremov, Iván
Eginardo
Ehrlich, Eugen
Eichendorff, Joseph von
Einstein, Albert
Ejo
Eliot, George
Eluard, Paul
Emerson, Ralph Waldo
Engels, Federico
Enríquez Gómez, Antonio
Epicteto
Ercilla y Zúñiga, Alonso de
Escosura, Patricio de la
Esopo
Espinel, Vicente
Espinosa, Fernando V.
Espinosa, Pedro
Espronceda, José de
Esquilo
Estacio, Publio Papinio
Estébanez Calderón, Serafín
Eurípides
Echeverría, Esteban
(1805 – 1851)
Escritor argentino. Esteban Echeverría vio la luz en Buenos Aires el 2 de septiembre de 1805. Era hijo de la argentina doña María Espinosa y del vasco español José Domingo Echeverría. Durante su primera infancia perdió a su madre.
Estudia varios años en el Colegio de Ciencias Morales; lo abandona a fines de 1823, a pesar de haber sido estudiante aplicado. Ingresa como dependiente en la fuerte casa comercial Lezica Hermanos. Como su primera juventud fue en extremo borrascosa y desarreglada, resuelve regenerarse moralmente y completar su educación en Europa.
Esa ausencia de la patria (1825-1830) le es muy provechosa. En París sigue los cursos más variados, se familiariza con las tendencias literarias ideológicas en boga, forma una sólida cultura de carácter enciclopédico y se asimila infinidad de obras en francés e inglés. Con ese importante bagaje retorna a la ciudad natal (junio de 1830) totalmente transformado. Introduce en el Plata el romanticismo literario, suscitando una fecunda renovación, y formula la doctrina del liberalismo político, impregnado de altas preocupaciones sociales y pedagógicas.
En 1831 publica sus primeros versos en diarios porteños, por más que en el viejo continente se ejercitara en escribirlos. En 1832 aparece anónimamente su poema Elvira. La indiferencia con que se le recibe contrasta con el desbordante entusiasmo y la cálida simpatía que suscitan después los Consuelos (1834) y sus Rimas (1837), donde inserta la Cautiva, su mejor obra en verso.
En 1837 -según las mejores averiguaciones- se abre el Salón Literario en la librería de don Marco Sastre, el futuro educacionista y autor de Tempe Argentino. En el Salón se leen trabajos, se diserta y discute. Echeverría es uno de sus grandes animadores. Como Rosas ordena la clausura del Salón, Echeverría funda en su reemplazo una sociedad secreta, la Asociación de Mayo, a la manera de la Joven Italia, de Mazzini. El propio Echeverría y otros miembros conspicuos señalan el año 1837 como el de la fundación de la nombrada sociedad, pero investigaciones recientes permites establecer que tal cosa acaece recién el 8 de julio de 1838. La Asociación tiene filiales en las provincias de Córdoba, Tucumán y San Juan. En sus filas militan la mayoría de los hombres que volvieron a organizar la República después de Caseros, sobre la base de los principios expuestos en su seno por Echeverría, y desarrollados en el Dogma Socialista obra publicada en el Indicador, de Montevideo, el 1° de enero de 1839, y tirada aparte, con algunas modificaciones, en 1846, en la capital uruguaya, precedida de la Ojeada Retrospectiva.
Durante algún tiempo Echeverría se dedica a las tareas rurales en su estancia "Los Talas", cerca de Luján. Era una temeridad quedarse por más tiempo en el país. Entonces emigra al Uruguay (fines de 1840). Inicia también en entre nosotros los estudios de sociología y economía americanas y los de estética literaria. Del resto de su producción cabe mencionar especialmente su espléndido cuanto realista "El matadero", el primero en su género escrito en el Plata, y su "Manual de Enseñanza Moral" para las escuelas primarias (1846).
Desde la adolescencia tiene que luchar contra la enfermedad. Sufre continuamente de los nervios y lo persigue su afección cardíaca. Su salud se agrava considerablemente en 1851. Una dolencia pulmonar lo lleva a la tumba en Montevideo el 19 de enero de dicho año.
Las obras completas de Echeverría fueron compiladas por su entrañable amigo, don Juan María Gutiérrez, en Buenos Aires (1870-1874), casa editorial Casavalle.
Titulo
Apología del matambre
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"Un extranjero que ignorando absolutamente el castellano oyese por primera vez pronunciar, con el énfasis que inspira el nombre, a un gaucho que va ayuno y de camino, la palabra matambre , diría para sí muy satisfecho de haber acertado: éste será el nombre de alguna persona ilustre, o cuando menos el de algún rico hacendado. Otro que presumiese saberlo, pero no atinase con la exacta significación que unidos tienen los vocablos mata y hambre , al oírlos salir rotundos de un gaznate hambriento, creería sin duda que tan sonoro y expresivo nombre era de algún ladrón o asesino famoso."
Cartas a un amigo
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Cautiva, La
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Consuelos, Los
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"Yo soy una flor oscura de fragancia y hermosura despojada; flor sin ningún atractivo que sólo un instante vivo, acongojada."
Dogma socialista, El
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Elvira o la novia del Plata
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" Belleza celestial y encantadora; inefable deidad, que el mundo adora, que dominas el Orbe, y das consuelo, inspirando con pecho generoso el sentimiento tierno y delicioso, que os prodigara el Cielo,..."
Himno al dolor
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"Devora fiera insaciable, monstruo, o demonio execrable, que avasallas la creación; devora como lo has hecho, si no te hallas satisfecho, con furor aún más deshecho, mi robusto corazón."
Los consuelos. Poesías
1.0 MB
Yo soy una flor oscura de fragancia y hermosura despojada; flor sin ningún atractivo que sólo un instante vivo, acongojada.
Matadero, El
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Peregrinaje de Gualpo
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"Él miraba con tedio todos los placeres que enervan el alma y gastan los resortes de la sensibilidad y la energía. No celebro con pompa sonora los estragos de Marte furibundo ni las hazañas de algún héroe que haya en las alas fragosas de la guerra derramado su nombre por los ámbitos del mundo, y cual fatal meteoro llenado de pavor al universo."
Rimas (Echeverría)
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"Era la tarde, y la hora en que el Sol la cresta dora de los Andes. El Desierto inconmensurable, abierto, y misterioso a sus pies se estiende; triste el semblante, solitario y taciturno como el mar, cuando un instante al crepúsculo nocturno pone rienda a su altivez."
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