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Autor:
L Isle Adam, Villiers de
La Fontaine, Jean de
Laclos, Choderlos de
Laercio Diógenes
Laferrère, Gregorio de
Lafinur, Juan Crisóstomo
Lamarque de Novoa, José
Lamartine, Alphonse de
Lampedusa, Giuseppe Tomasi di
Lanza, Silverio
Lao Tse
Lardner, Ring
Larra, Luis Mariano de
Larra, Mariano José de
Lautrémont, Conde de
Lavardén, Manuel José de
Lawrence, D.H.
Le Rouge, Gustave
Leadbeater, Charles Webster
Leblanc, Maurice
Lee, Vernon
Leibniz, Godofredo
Leinster, Murray
Leland, Charles Godfrey
Lemaître, Jules
Lenin, V.I.
León, Fray Luis de
Leroux, Gastón
Leskov, Nikolái Semënovic
Lévi, Eliphas
Lewis, C. S.
Lewis, Matthew G.
Lichtenberg, Georg Christoph
Lillo, Baldomero
Lima, Félix
Lispector, Clarice
Locke, John
Loncán, Enrique
London, Jack
López de Gómara, Francisco
López Marín , Enrique
López, José
López, Lucio Vicente
López, Vicente Fidel
Lorraine, Jean
Lovecraft, H.P.
Luciano
Lugones, Leopoldo
Lulio, Raimundo
Luque Alvarez, Rosalía
Lussich, Antonio D.
Lutero, Martín
Lyra, Carmen
London, Jack
(1876-1916)
Escritor estadounidense. Combina en su obra el más profundo realismo con los sentimientos humanitarios y el pesimismo. John Griffith London nació en San Francisco hijo de un astrólogo ambulante, al que no conoció, y de una espiritista que se casó con Yack London meses después del nacimiento de su hijo. Completó sus estudios de bachillerato mientras realizaba diversos trabajos. En 1897 y 1898 viajó a Alaska, empujado por la corriente de la fiebre del oro. Antes había sido marino, pescador, e incluso contrabandista. De regreso a San Francisco comenzó a relatar sus experiencias. En 1900 publicó una colección de relatos titulada El hijo del lobo que le proporcionó un gran éxito popular. Publicó más de 50 libros que le supusieron grandes ingresos pero que dilapidó en viajes y alcohol. Fue corresponsal de guerra y vivió dos matrimonios tormentosos. Se suicidó a la edad de 40 años. De ideas socialistas y siempre del lado de los trabajadores, London fue militante comunista e incluso agitador político. Pero, autodidacta como era, las lecturas del filósofo alemán Nietzsche le llevaron a formular que el individuo debe alzarse frente a las masas y las adversidades. Esta contradicción individualidad-colectividad está presente en su obra. Su tesis general es la de que el ser humano no es bueno por naturaleza, y sólo los fuertes consiguen alzarse en la vida que es dura; estos seres serán los que pongan los cimientos para una sociedad más justa. Muchos de sus relatos, entre los que destaca su obra maestra, La llamada de la selva (1903), hablan de la vuelta de un ser civilizado a su estado primitivo, y la lucha por la supervivencia. Su estilo, brutal, vivo y apasionante, le hizo enormemente famoso fuera de su país. Sus novelas se han traducido a numerosas lenguas.
Entre sus principales obras cabe mencionar
Los de abajo (1903), sobre la vida de los pobres en Londres;
El lobo de mar (1904), una novela basada en sus experiencias como cazador de focas;
Colmillo blanco (1906) un libro pesimista sobre la crueldad, la hegemonía de los más fuertes y la lucha por la libertad.
John Barleycorn (1913), un relato autobiográfico sobre su batalla personal contra el alcoholismo,
El vagabundo de las estrellas (1915), una serie de historias relacionadas entre sí sobre el tema de la reencarnación.
Titulo
Aloha Oe
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En ningún puerto del mundo se contemplan salidas de vapores semejantes a las que el viajero presencia en el muelle de Honolulú. El gran trasatlántico está presto a partir. El vapor se comprime ansioso en las calderas como un gran animal enjaulado.
Amor a la vida
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"Bajaron por la costa, cojeando, doloridos, y en una ocasión el primero de los hombres trastabilló entre las rocas sembradas al azar. Estaban cansados y débiles, y sus rostros tenían la expresión tensa de la paciencia que viene con las fatigas mucho tiempo soportadas. Iban cargados con fardos envueltos en mantas y amarrados con correas a los hombros. Otra correa les pasaba por la frente, y ayudaba a sostener los bultos. Cada hombre llevaba un rifle. Caminaban en postura encorvada, los hombros bien hacia adelante, la cabeza más adelante aun, los ojos clavados en el suelo."
Amor a la vida (Love of life)
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Sólo esto, de todo, quedará. Arrojaron los dados, y vivieron. Parte de lo que juegan, ganarán Pero el oro del dado lo perdieron.
Antes de Adán
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Jack London recrea y nos ofrece en esta pequeña obra maestra el terror que imperaba en tiempos, remotísimos, el terror desenfrenado del mundo primitivo, el que imperaba en el Pleistoceno Medio. Mas, ¿qué desea explicar el autor antes de relatar los ensueños de su otra vida ? En principio, que nunca vio a un ser humano en sus sueños y la seguridad de que, de ver a uno, no volviera a estar rodeado de horrores.
Argos en los tiempos heroicos, Como
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Aurora esplendida
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Jack London ha sido todo: pobre y muy rico, tímido y exhibicionista, seguidor del super hombre y socialista ferviente..
Aventura
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Al estilo de una vieja comedia de Hollywood, narra el enfrentamiento entre un hombre que se encuentra solo al frente de una plantación y una intrépida mujer, independiente y liberada encantador precedente de las feministas de hoy día.
Bastardo (Bátard (Diable, a Dog))
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Batard era un demonio. Esto era algo que se sabía por todas las tierras del Norte. Muchos hombres lo llamaban «Hijo del Infierno», pero su dueño, Black Leclère, eligió para él el ofensivo nombre de Bâtard. Y como Black Leclère era también un demonio, los dos formaban una buena pareja. Hay un dicho que asegura que cuando dos demonios se juntan, se produce un infierno. Esto era de esperar, y esto fue lo que sin duda se esperaba cuando Bâtard y Black Leclère se juntaron.
Bâtard
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Protagonizada por perros y magistrales en su género, estos relatos de London nos transportan a un mundo primigenio, quizá menos alejado de lo que desaríamos de nuestra propia civilización.
Blanco y Amarillo
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"Las aguas de la Bahía de San Francisco contienen todo género de peces; por eso surcan su superficie las quillas de todo género de pesqueros, tripulados por todo género de pescadores. Para proteger a los peces contra esta abigarrada población flotante se han promulgado muchas leyes acertadas y existe una patrulla pesquera que se encarga de que esas leyes se cumplan."
Burlado, El
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"Aquél era el final. Subienkow había recorrido un largo camino de amargura y horrores, guiado, como una paloma, por el instinto que le llevaba hacia las capitales de Europa, y allí, en el punto más lejano, en la América rusa, el sendero acababa. Estaba sentado en la nieve con los brazos atados a la espalda, esperando la tortura."
Cañadón todo oro, El
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"Era el corazón verde del desfiladero, donde las paredes giraban para apartarse del plano rígido, y atenuaban su severidad de líneas, formando un rinconcito abrigado y llenándolo hasta el borde de dulzura y redondez y suavidad. Allí todas las cosas descansaban. Hasta el estrecho arroyo interrumpía su turbulento descenso para formar un tranquilo estanque. Hundido hasta las rodillas en el agua, con la cabeza caída y los ojos entrecerrados, dormitaba un gamo de ramosa cornamenta, de piel rojiza."
Cara de luna
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"John Claverhouse era un hombre de cara de luna. Ya conoce el tipo, pómulos muy separados, barbilla y frente que se confunden con las mejillas para formar el círculo completo, y la nariz, ancha y regordeta, equidistante de la circunferencia, achatada en el centro mismo del rostro, como una bola de pasta en el cielo raso. Tal vez por eso lo odiaba, pues en verdad se había convertido en una ofensa para mis ojos, y creía que su presencia en la tierra era una molestia. Quizá mi madre tuvo supersticiones acerca de la luna, y miró por sobre el hombro equivocado en el momento que no correspondía."
Cara de luna. Historia de una mortal antipatía
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La cara de Juan Claverhouse era un fiel trasunto de la luna llena; ya conocen ustedes el tipo: los pómulos muy separados, la barbilla y la frente redondas, hasta confundirse con los rubicundos mofletes, y la nariz ancha y corta, como una pelota de pan aplastada en la pared, ocupando el centro de la circunferencia. Quizá fuera ésta la razón del odio que sentía por él; su presencia me resultaba insoportable, y lo conceptuaba como una especie de mancha sobre la tierra. He llegado a creer que mi madre, durante el embarazo, tuvo algún antojo, algún motivo de resentimiento con la luna; qué sé yo...
Chinito de Honolulu, El
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"El aspecto de Chun Ah Chun no tenía nada de particular; un poco menudo de estatura, como suelen serlo la mayoría de los chinos, algo estrecho de hombros y un tanto esmirriado de carnes, cosa muy natural en hombres de su raza. El curioso turista que casualmente le viera paseando por las calles de Honolulú le tomaría sin vacilar en un chinito bonachón y simpático. propietario tal vez de algún próspero taller de lavado y planchado. cuando no de alguna acreditada sastrería. Y acertaría sin duda en lo de la simpatía y prosperidad, aun cuando quedándose muy por debajo de la raya, porque Ah Chun era sin duda tan simpático como próspero y afortunado, si bien nadie sabía a ciencia cierta lo que importaba su fortuna. Todos le creían enormemente rico; pero la «enormidad» equivalía en este caso al símbolo de lo desconocido."
Chris Farrington, marinero de primera
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—Si estuviegas en un buque de mi país, un muchacho como tú no segía más que un grumete, y tendgías que atendeg a los maginegos de pgimega. Y cuando maginegos de pgimega gritag: "¡Chico, la jaga de agua!", tendgías que tgaegla de un salto. Y tendgías que seg cogtés y decig a todos: "Sí, señog", y "no, señog". Y cuando te dijegan: ¡Chico, las botas", tendgías que ig cogiendo a pog las botas. Pego estás en un bagco amegicano y te cgees que ya eges todo un maginego. Chgris, muchacho, yo soy maginego desde hace veintidós años, y, ¿te cgees que vales tanto como yo? Yo ya ega maginego antes que naciegas tú, y ya estaba haciendo nudos, y cogtes y gemiendos cuando tú estabas todavía volando las cometas.
Chun Ah Chun
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El aspecto de Chun Ah Chun no tenía nada de particular; un poco menudo de estatura, como suelen serlo la mayoría de los chinos, algo estrecho de hombros y un tanto esmirriado de carnes, cosa muy natural en hombres de su raza.
Colmillo blanco
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Colmillo Blanco, el perro-lobo salvaje que no conoce más leyes que las de la naturaleza, irá agudizando sus instintos de ferocidad o violencia a imagen y semejanza de sus dioses: los hombres, habría calificado la vida como un voraz apetito, y el mundo como un caos gobernado por la suerte, la impiedad y el azar en un proceso sin fin.
Como Argos en los tiempos heroicos
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"Corría el verano de 1897. En la familia Tarwater había gran revuelo y consternación. El abuelo Tarwater, después de haber estado sumiso y callado durante más de diez años, parecía sublevarse de nuevo. Era entonces la época de la fiebre de Klondike. Cuando el abuelo cantaba, era síntoma indudable de que el acceso febril había comenzado. Sólo sabía una canción, y aún de ésta nada más que tres renglones de la primera estrofa..."
Confianza de los hombres, La
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-Te digo lo que haremos: lo echaremos a la suerte. -Eso me parece bien -dijo el segundo hombre, volviéndose, mientras hablaba, hacia el indio que estaba reparando los zapatos para nieve en un rincón de la cabaña-. Tú, Billebedam, pórtate como un buen camarada y date una carrera a la choza de Oleson y dile que necesitamos que nos preste su cubilete de dados. El repentino pedido en medio de un conciliábulo sobre salarios, maderas y alimentos, sorprendió a Billebedam. Además, era temprano, y él nunca había visto a hombres blancos del calibre de Pentfield y Hutchinson echar los dados y jugar, hasta que el trabajo diario estuviera hecho. Pero su cara era impasible como debe ser la de un indio del Yukón, mientras se ponía los mitones y atravesaba la puerta.
Crucero del Snark
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Jack London, un maestro de las novelas de aventuras, nos relata aquí una aventura real: su propio viaje a través del océano Pacífico. La permanente búsqueda de nuevas vivencias lo llevó a encargar la construcción de un velero de quince metros aparejado en queche, en el que empleó una verdadera fortuna y no menos paciencia. Sin saber mucho de navegación, zarpó de San Francisco a bordo del Snark cuyos defectos incluían la falta de estanqueidad y la incapacidad de orzar y ponerse proa al viento.
Demasiado oro
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"Tratándose de un cuento de mineros -y, a decir verdad, de uno más verdadero de lo que pueda parecer- es de esperar que sea un cuento de mala suerte. Pero eso depende del punto de vista con que se mire. Mala suerte es una manera suave de llamarlo por lo que se refiere a Kink Mitchell y Hootchinoo Bill. En las tierras del Yukón todo el mundo sabe que tienen una opinión bien clara al respecto."
Demasiado Oro (Too Much Gold)
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Tratándose de un cuento de mineros —y, a decir verdad, de uno más verdadero de lo que pueda parecer— es de esperar que sea un cuento de mala suerte. Pero eso depende del punto de vista con que se mire. Mala suerte es una manera suave de llamarlo por lo que se refiere a Kink Mitchell y Hootchinoo Bill. En las tierras del Yukón todo el mundo sabe que tienen una opinión bien clara al respecto.
Demetrios Contos
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No debe pensarse por lo que he contado en varias ocasiones que todos los pescadores griegos fueran malos. Ni mucho menos. Pero eran tipos duros, agrupados en comunidades aisladas y obligados a combatir con los elementos para ganarse la vida. Vivían muy lejos de la ley y sus exigencias, no la comprendían y la consideraban una tiranía
Diablo
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"El perro era un diablo. Todo el Norte lo sabía. Muchos lo llamaban Engendro del Infierno, pero su dueño, Black Leclére, escogió el vergonzoso nombre de Diablo. Black Leclére también era un demonio, y ambos hacían buena pareja. La primera vez que se vieron, Diablo era un cachorro delgado, hambriento y de ojos amargos. Se conocieron con un mordisco, un gruñido y unas miradas malévolas, pues el labio superior de Leclére se alzaba como el de un lobo, enseñando sus crueles dientes blancos. Se elevó en esos momentos, y sus ojos brillaron perversamente al extender la mano hacia Diablo y arrastrarlo fuera de la camada. Estaba claro que se adivinaron las intenciones, pues en el instante en que Diablo hundió sus colmillos de cachorro en la mano de Leclére, éste lo ahogaba impertérrito con el dedo índice y el pulgar."
Diente de ballena, El
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"En los primeros días de las islas Fidji, John Starhurst entró en la casa-misión del pueblecito de Rewa y anunció su propósito de propagar las enseñanzas de la Biblia a través de todo el archipiélago de Viti Levu. Viti Levu quiere decir «País grande», y es la mayor de todas las islas del archipiélago. Aquí y allá, a lo largo de las costas, viven del modo más precario un grupo de misioneros, mercaderes y desertores de barcos balleneros. La devoción y la fe progresaban muy poco, nada, y algunas veces los al parecer convictos arrepentíanse de un modo lamentable. Jefes que presumían de ser cristianos, y eran por tanto admitidos en la capilla, tenían la desesperante costumbre de dar al olvido cuanto habían aprendido para darse el placer de participar del banquete en el que la carne de algún enemigo servía de alimento. Comer a otro o ser comido por los demás era la única ley imperante en aquel país, la cual tenía trazas de perdurar eternamente en aquellas islas. Había jefes como Tanoa, Tuiveikoso y Tuikilakila, que se habían comido cientos de seres humanos. Pero entre estos glotones descollaba uno, llamado Ra Undreundre."
El asedio del Reina de Lancashire
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Es posible que nuestra experiencia más exasperante en la patrulla pesquera fuese cuando Charley Le Grant y yo asediamos durante dos semanas un gran buque inglés de cuatro palos. Antes de terminar con el asunto, se había convertido en un difícil problema matemático, y si logramos entrar en posesión del instrumento que aportó su feliz solución fue por pura casualidad.
El burlado (Lost Face)
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Aquello era el fin. Subienkow había recorrido un largo camino de amargura y horror. Regresaba como una de esas palomas mensajeras que vuelven a las capitales europeas, de donde las arrancaron, y ahora, ya en las remotas regiones de Alaska, terminaba el viaje.
El Cañón Todo de Oro
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Era el corazón verde del cañón, donde las paredes se desviaban del plano rígido y aliviaban la severidad de sus líneas formando un pequeño escondrijo cubierto, llenándolo hasta el borde de dulzura, redondez y suavidad.
El Chinago(The Chinago)
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Ah. Cho no entendía el francés. Estaba sentado en la sala del juzgado, abarrotada de gente, muy cansado y aburrido, escuchando el explosivo e incesante francés que hablaban, ahora un oficial y luego otro. A Ah Cho le parecía un puro parloteo y se maravillaba de la estupidez de los franceses que habían empleado tanto tiempo en buscar al asesino de Chung Ga y que, al final, no lo habían encontrado.
El diente de ballena (The Whale Tooth)
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En los primeros días de las islas Fidji, John Starhurst entró en la casa—misión del pueblecito de Rewa y anunció su propósito de propagar las enseñanzas de la Biblia a través de todo el archipiélago de Viti Levu. Viti Levu quiere decir «País grande», y es la mayor de todas las islas del archipiélago. Aquí y allá, a lo largo de las costas, viven del modo más precario un grupo de misioneros, mercaderes y desertores de barcos balleneros.
El enemigo del mundo entero
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Las confesiones de Gluck en el momento de subir a la silla eléctrica, proyectan una viva luz sobre una serie de acontecimientos misteriosos y a veces sin relación aparente que conmovieron el mundo entre 19...... y 19.......
El favorito de Midas
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Wade Atsheler ha muerto... ha muerto por mano propia. Decir que esto era inesperado para el reducido grupo de sus amigos, no sería la verdad; sin embargo, ni una vez siquiera, nosotros, sus íntimos, llegamos a concebir esa idea.
El Francis Spaight (Un relato auténtico)
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El Francis Spaigth navegaba con sólo las velas altas cuando ocurrió. No fue a causa de un descuido de la tripulación, sino a su falta de disciplina y al hecho de que, en el mejor de los casos, eran novatos casi todos.
El furtivo perdido
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El golpe de Charley
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Charley dijo que fue un "golpe", porque había oído a Neil Partington emplear el término, pero yo creo que lo había entendido mal, y lo que quería decir era un "copo", por lo que había atrapado. Pero los pescadores, fuera golpe o copo, deben haber dicho que fue su Waterloo, porque fue el golpe más fuerte que jamás les había asestado la patrulla pesquera.
El hijo del lobo
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"El hombre raras veces hace una evaluación justa de las mujeres, al menos no hasta verse privado de ellas. No tiene idea sobre la atmósfera sutil exhalada por el sexo femenino, mientras se baña en ella; pero déjeselo aislado, y un vacío creciente comienza a manifestarse en su existencia, y se vuelve ávido de una manera vaga y hacia algo tan indefinido que no puede caracterizarlo."
El hombre de la cicatriz
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"Jacob Kent había sufrido de codicia todos las días de su vida. Esto, a su vez, le había engendrado una desconfianza crónica, y su mente y carácter se habían vuelto tan intrigantes que todo trato con él se hacía muy desagradable. También era víctima de una propensión al sonambulismo, y muy tozudo."
El ídolo rojo
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¡Allí estaba! Bassett, mientras la controlaba con su reloj, comparó la abrupta liberación de sonido, con la trompeta de un arcángel. Los muros de las ciudades, meditó, bien podían desmoronarse ante una intimación tan apremiante.
El inevitable hombre blanco (The Inevitable White Man)
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El ingenio de Porportuk (The Wit of Porportuk)
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La joven El—Soo se había educado en las misiones. Su madre murió cuando ella era aún muy niña, y sor Alberta la salvó, llevándosela un día de verano a la misión de Santa Cruz para consagrarla al Señor. El— Soo era una india de pura sangre, pero pronto destacó entre las niñas mestizas y cuarteronas. Las bondadosas hermanas jamás habían visto a una niña tan dócil y de tan viva inteligencia.
El labrador del mar
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El maestro del misterio
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"La tristeza había invadido el pueblo. Las mujeres llevaban mucho tiempo gimiendo con los gritos más desgarrados. Los hombres manifestaban unos gestos retraídos e insatisfechos, y hasta los perros iban de un lado a otro, sin rumbo, intranquilos y siempre listos a escapar al bosque en el momento que apareciesen los primeros indicios de la gran tragedia que se avecinaba. "
El mexicano
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Nadie conocía su historia, y menos los de la Junta. Era su pequeño misterio; su gran patriota, y a su forma trabajaba por la inminente Revolución Mexicana tan duro como ellos. Tardaron mucho en reconocer esto, pues a nadie de la Junta le gustaba aquel hombre.
El pañuelo amarillo
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—No es que quiera darte órdenes, muchachó —dijo Charley—, pero estoy muy en contra de que hagas una última operación. Ya has salido sano y salvo en varias ocasiones de choques con gente de armas tomar, y sería una pena que te pasara algo justo al final.
El pagano (The Heathen)
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El Rey de los Griegos (The King of the Greeks)
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La patrulla pesquera nunca había capturado a "Alejandro el Grande". Este presumía de que no había nacido quien pudiera capturarlo vivo, y la verdad era que de los muchos que habían tratado de capturarlo muerto, ninguno lo había logrado. Además, no había quien violase las leyes de pesca de manera más sistemática y deliberada que "Alejandro el Grande".
El silencio blanco
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"—Carmen no durará más de un par de días.Mason escupió un trozo de hielo y observó compasivamente al pobre animal. Luego se llevó una de sus patas a la boca y comenzó a arrancar a bocados el hielo que cruelmente se apiñaba entre los dedos del animal."
El sueño de Debs
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Me desperté por lo menos una hora antes que de costumbre. Esto, por sí solo, era algo extraordinario; y permanecí completamente despierto, reflexionando sobre ello. Algo pasaba, algo no iba bien, aunque no sabía qué.
El Talón de Hierro
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London explora varios tipos de ciencia ficción. En esta novela se puede decir que la ciencia ficción es de tipo apocalíptico o catastrófico. Se hacen patentes ideas de evolución social, racismo, y anti-capitalismo. El talón de hierro está planteada como biografía de una joven de clase media, que desde que conoce al líder socialista, se termina convirtiendo ella misma en activista del socialismo, sin tener en claro si lo hace por convicción o por amor. Se plantean los problemas de la sociedad de la época, como la explotación de los trabajadores y los efectos del materialismo en la sociedad económica. Se entiende que llevando la ideología a situaciones extremas por medio del recurso de ciencia ficción, está buscando una apelación a la conciencia humana y la prevención del sufrimiento.
En la Bahía de Yeddo
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Ante lo cual el dueño del restaurante levantó los brazos indignado y chilló: —¡Veinticinco sen! ¡Veinticinco sen! ¡Paga ya! Se había reunido toda una multitud, y las cosas se le estaban poniendo apuradas a Alf Davis. Era algo tan ridículo y tan mezquino, pensó Alf. ¡Qué lío por nada! Y, desde luego, tenía que hacer algo. Le pasó por la cabeza la idea de lanzarse por entre aquel mar de piernas y deshacerse a golpes de quien tratase de impedírselo, pero como si le hubiera adivinado el pensamiento, uno de los camareros, un tipo bajito y robusto con una nube en un ojo que le daba una expresión perversa, lo agarró de un brazo. —¡Paga ya! ¡Paga ya! ¡Veinticinco sen! —gritaba el propietario, ronco de ira.
En un pais lejano
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Cuando un hombre viaja a un país lejano debe prepararse para olvidar muchas de las cosas que ha aprendido, y adquirir las costumbres propias de la vida en el nuevo país. Debe abandonar los viejos ideales y dioses y, a menudo, revertir los propios códigos que delinearon hasta entonces su conducta. Para quienes tienen la facultad proteica de adaptación, la novedad de semejante cambio puede ser inclusive una fuente de placer. Pero, para aquellos que se anquilosaron en los carriles en los que fueron creados, la presión de un entorno así modificado resulta insoportable, y se irritan en cuerpo y alma…
En un país lejano (2)
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"Cuando un hombre viaja a un país lejano debe prepararse para olvidar muchas de las cosas que ha aprendido, y adquirir las costumbres propias de la vida en el nuevo país. Debe abandonar los viejos ideales y dioses y, a menudo, revertir los propios códigos que delinearon hasta entonces su conducta."
Encender una hoguera
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"Acababa de amanecer un día gris y frío, enormemente gris y frío, cuando el hombre abandonó la ruta principal del Yukón y trepó el alto terraplén por donde un sendero apenas visible y escasamente transitado se abría hacia el este entre bosques de gruesos abetos."
Encender una hoguera(To Build a Fire)
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Eran las nueve. No había el menor atisbo de sol, a pesar de que ni una sola nube cruzaba el cielo. El día era diáfano, pero las cosas parecían cubiertas por un velo intangible, por un algo sutilmente lóbrego que lo entenebrecía todo y cuya causa era la falta de sol. Pero esto no preocupaba al caminante.
Enterradores, Los
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"Nada podía verse en toda la ancha extensión ocupada por el cauce, exceptuando una flotilla de gabarras, de velas cuadradas y clavijas de madera, cargadas de piedra para edificaciones, y que acababa de llegar bajo el puente del ferrocarril, siguiendo corriente abajo. Hicieron jugar los toscos timones para evitar el banco de arena que había formado el agua al rozar contra los estribos del puente, y mientras pasaban, a tres de fondo, la horrible voz comenzó de nuevo a decir."
Estirpe de McCoy, La
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"Como el casco metálico del Pyrenées estaba muy hundido en el agua, a causa de su carga de trigo, el barco se debatía torpemente, por lo cual, al hombre que llegaba en una canoa indígena, le resultó fácil subir a bordo. Al ver la cubierta parecióle escrutar una neblina apenas perceptible. Parecía una ilusión, una película que, de pronto, se hubiera cernido sobre sus ojos. Experimentó el deseo de quitársela con la mano, mas, al tiempo, se dijo que estaba haciéndose viejo y que era llegado el momento de encargarse unos lentes en San Francisco."
Expedición del pirata, La
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Ésta es una pequeña novela de formación de la personalidad muy original entre las obras de este autor. Frente a tantos héroes de London que ven cerrado el camino de integrarse en la sociedad, aquí se propone una solución armónica, en la que se combina el deseo de independencia con la nostalgia de un hogar y un orden interior.
Filón de oro, El
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Era el corazón verde del cañón, donde las paredes se desviaban del plano rígido y aliviaban la severidad de sus líneas formando un pequeño escondrijo cubierto, llenándolo hasta el borde de dulzura, redondez y suavidad. Aquí todo descansaba. Hasta la estrecha corriente cesaba en su turbulento fluir el tiempo suficiente para formar un estanque calmo. Hundido hasta las rodillas en el agua, con la cabeza gacha y los ojos entornados, dormitaba un gamo de piel roja y frondosa cornamenta.
Finis
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Aquel era el último trozo de tocino que le quedaba a Morganson. Jamás en su vida había mimado a su estómago. En realidad, su estómago había sido una especie de cantidad insignificante que le molestaba poco y sobre la que aún pensaba menos. Pero ahora, tras una larga ausencia de los placeres acostumbrados, el intenso apetito de su estómago se vio acuciado por el penetrante y salado tocino.
Fuerza de los fuertes, La
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"El viejo Barba-Larga hizo una pausa en su narración, se lamió los grasientos dedos y se los enjugó en sus desnudos costados, por encima del andrajo de piel de oso que le cubría. Agachados en torno a él estaban tres jóvenes, sus nietos: Corre-Ciervos, Cabeza-Rubia y Miedoso-de-la-Noche. Su aspecto era muy similar. Se cubrían parcialmente. con pieles de animales salvajes. Eran de constitución enjuta y menuda, de caderas estrechas y piernas arqueadas, pero al mismo tiempo tenían pecho ancho, brazos largos y fuertes, y manos enormes. Un espeso vello les cubría el tórax y los hombros, así como la parte externa de brazos y piernas. Sus cabellos eran marañas de sucias greñas, con largos mechones que a menudo se interponían ante sus pequeños ojos, negros y brillantes como los de un pájaro. Tenían los ojos muy juntos y los pómulos anchos, mientras que sus mandíbulas inferiores era grandes y sobresalientes."
Gente del abismo
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En 1902 Jack London fue enviado como periodista a cubrir informativamente la guerra de los Boers. Al llegar a Gran Bretaña su misión fue cancelada, y él tomó una habitación en un barrio obrero de Londres. Su curiosidad le llevó a visitar los slums, barrios humildes londinenses donde se hacinaban millares de personas en condiciones terribles mientras las clases pudientes disfrutaban del expolio que el Imperio llevaba a cabo en sus colonias.
Goliath
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El 3 de enero de 19..., la ciudad de San Francisco leyó, al despertar, en uno de los periódicos de la mañana, una extraña carta dirigida a un tal Walter Basset y que, con toda evidencia, provenía de un trastornado.
Hawaiana
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“En ningún puerto del mundo se contemplan salidas de vapores semejantes a las que el viajero presencia en el muelle de Honolulú. El gran trasatlántico está presto a partir. El vapor se comprime ansioso en las calderas como un gran animal enjaulado. Un millar de seres humanos se apiñan sobre la cubierta. Miles de personas permanecen en los muelles. Príncipes y princesas indígenas, reyes del azúcar y altos personajes oficiales del territorio, pasean a orillas del mar; y allá lejos, alineados en largas hileras, se agolpan los carruajes y automóviles de la aristocracia, que la policía indígena procura mantener en orden…”
Hijo del lobo, El
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El hombre raras veces hace una evaluación justa de las mujeres, al menos no hasta verse privado de ellas. No tiene idea sobre la atmósfera sutil exhalada por el sexo femenino, mientras se baña en ella; pero déjeselo aislado, y un vacío creciente comienza a manifestarse en su existencia, y se vuelve ávido de una manera vaga y hacia algo tan indefinido que no puede caracterizarlo. Si sus camaradas no tienen más experiencia que él mismo, agitarán sus cabezas con aire dubitativo y le aconsejarán alguna medicación fuerte. Pero la ansiedad continúa y se acrecienta; perderá el interés en las cosas de cada día, y se sentirá enfermo; y un día, cuando la vacuidad se ha vuelto insoportable, una revelación descenderá sobre él.
Hombre de la cicatriz, El
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Jacob Kent había sufrido de codicia todos los días de su vida. Esto, a su vez, le había engendrado una desconfianza crónica, y su mente y carácter se habían vuelto tan intrigantes que todo trato con él se hacía muy desagradable. También era víctima de una propensión al sonambulismo, y muy tozudo. Había sido tejedor desde la cuna, hasta que la fiebre del Klondike entró en su sangre y lo apartó del telar. Su cabaña se alzaba a medio camino entre el Puesto Sixty Mile y el río Stuart. Los hombres que acostumbraban transitar esa ruta de Dawson lo veían como un barón feudal, sentado en su fortaleza y cobrando peaje a las caravanas que usaban sus mal conservados caminos. Como para construir este personaje se requería cierto conocimiento de historia, los mineros.
Huelga general, La
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"Me desperté por lo menos una hora antes que de costumbre. Esto, por sí solo, era algo extraordinario; y permanecí completamente despierto, reflexionando sobre ello. Algo pasaba, algo no iba bien, aunque no sabía qué. Me sentía agobiado por un presentimiento de que algo terrible había ocurrido o estaba a punto de ocurrir. Pero ¿de qué se trataba?"
Keesh, el hijo de Keesh
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"-Así que yo te daré seis mantas, bien calientes y dobles; seis limas largas y resistentes; seis cuchillos Hudson Bay, largos y afilados; dos canoas, salidas de las manos de Mogum, el Hacedor de Cosas; diez perros de anchas paletas y fuertes para el arnés; y tres revólveres, el gatillo de uno de ellos roto, pero es un buen revólver y sin duda puede ser reparado. Keesh hizo una pausa y con sus ojos barrió el círculo de caras expectantes. Era la época de la Gran Pesca, y él estaba pujando con Gnob por su hija Su-Su. El lugar era la Misión Saint George, en el Yukón, y las tribus se habían reunido desde muchos cientos de kilómetros a la redonda. Habían venido desde el Norte, Sur, Este y Oeste, inclusive desde Tozikakat y la lejana Tana-naw."
Keesh, el hijo de Keesh (2)
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"—Así que yo te daré seis mantas, bien calientes y dobles; seis limas largas y resistentes; seis cuchillos Hudson Bay, largos y afilados; dos canoas, salidas de las manos de Mogum, el Hacedor de Cosas; diez perros de anchas paletas y fuertes para el arnés; y tres revólveres, el gatillo de uno de ellos roto, pero es un buen revólver y sin duda puede ser reparado."
Koolau el leproso
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––Nos privan de la libertad porque estamos enfermos. Hemos acatado la ley. No hemos hecho nada malo. Y, sin embargo, nos encierran en una prisión. Molokai es una cárcel.
La casa de Mapuhi (The House of Mapuhi)
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A pesar de la vulgaridad de sus líneas, la Aorai maniobraba muy bien con la ligera brisa, y su capitán la manejaba a satisfacción, dirigiéndola hacia la playa.
La estirpe de McCoy
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Como el casco metálico del Pyrenées estaba muy hundido en el agua, a causa de su carga de trigo, el barco se debatía torpemente, por lo cual, al hombre que llegaba en una canoa indígena, le resultó fácil subir a bordo.
La fe de los hombres (The Faith of Men)
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—Te digo lo que haremos: lo echaremos a la suerte. —Eso me parece bien —dijo el segundo hombre, volviéndose, mientras hablaba, hacia el indio que estaba reparando los zapatos para nieve en un rincón de la cabaña—. Tú, Billebedam, pórtate como un buen camarada y date una carrera a la choza de Oleson y dile que necesitamos que nos preste su cubilete de dados.
La fresca
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Hay cuentos que deben ser necesariamente historia, tales, que no podría imaginarlos la fantasía del más narrador, y asimismo hay hombres de historia de cuyas narraciones es imposible dudar. Julián Jones era uno de estos hombres.
La fuerza de los fuertes
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El viejo Barba—larga hizo una pausa en su relato, chupó sus dedos llenos de grasa y los limpió sobre su costado dejado al descubierto por el fragmento usado de piel de oso que constituía su único vestido.
La invasión sin precedente
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Fue en el año 1976 cuando la contienda entre el mundo y China alcanzó su apogeo, y éste fue el motivo por el que se retrasó la celebración del segundo centenario de la libertad americana. Otros muchos planes concebidos por las naciones de la tierra fueran reformados, revueltos o aplazados por idéntica razón.
La ley de la vida
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"El viejo Koskoosh escuchaba ávidamente. Aunque no veía desde hacía mucho tiempo, aún tenía el oído muy fino, y el más ligero rumor penetraba hasta la inteligencia, despierta todavía, que se alojaba tras su arrugada frente, pese a que ya no la aplicara a las cosas del mundo. ¡Ah! Aquélla era Sit—cum—to—ha, que estaba riñendo con voz aguda a los perros mientras les ponía las correas entre puñetazos y puntapiés. Sit— cum—to—ha era la hija de su hija. En aquel momento estaba demasiado atareada para pensar en su achacoso abuelo, aquel viejo sentado"
La liga de los ancianos
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"En los cuarteles un hombre iba a ser condenado a muerte. Se trataba de un viejo, un nativo del río Pez Blanco, que desemboca en el Yukón debajo del lago Le Barge. Todo Dawson estaba pendiente del asunto, e igualmente los habitantes del Yukón en mil millas a la redonda."
La Plancha
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–Tengo derecho a saberlo –dijo la muchacha. Su voz sonaba firme y decidida. No había en ella tono de súplica, pero, sin embargo, su determinación era de aquellas a las que se llega tras mucho suplicar.
La ruta de los tres soles (The Sun Dog Trail)
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Sitka Charley fumaba su pipa y contemplaba pensativo la ilustración de la Police Gazette, sobre la pared. Durante media hora había estado observándola fijamente, y durante media hora yo había estado observándolo a él, con sigilo.
La sombra y el destello
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Cuando pienso en ello, reparo de nuevo en cuan peculiar era aquella amistad. En primer lugar, Lloyd Inwood, alto, enjuto, de sólida constitución, nervioso, y moreno. Luego, Paul Tichlorne, alto, enjuto, de sólida constitución, nervioso, y rubio.
Las mil docenas (The One Thousand Dozen)
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David Rasmunsen era un buscavidas, y como muchos hombres de mayor estatura, un hombre de una sola idea. Por lo tanto, cuando la llamada del norte resonó en sus oídos, concibió una aventura relacionada con huevos, y dedicó todas sus energías a concretarla. Calculó brevemente, y en términos palpables, y la aventura se volvió iridiscente, espléndida. La de que los huevos se venderían en Dawson a cinco dólares la docena era una premisa segura. Por lo cual resultaba indiscutible que mil docenas equivaldrían, en la Metrópoli Dorada, a cinco mil dólares.
Las perlas de Parlay
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El timonel canaca metió el timón a una banda, y el Malahini se deslizó hacia un lado y viró en redondo hasta enderezarse. Sus velas delanteras se aflojaron; los tomadores de rizos repiquetearon y se produjo un rápido cambio en el aparejo de la botavara. Entonces la embarcación viró por avante y se tumbó sobre la otra amura.
Las terribles Salomón (The Terrible Solomons)
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Ley de la vida
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"El viejo Koshkoosh escuchaba con avidez. Aunque hacía tiempo que se le había debilitado la vista, su oído seguía siendo agudo, y el menor sonido penetraba en la parpadeante inteligencia que aún moraba detrás de la arrugada frente, pero que ya no examinaba las cosas del mundo. ¡Ah! Era Sit-cum-to-ha, que anatematizaba, chillona, a los perros, mientras los golpeaba y empujaba para que se dejaran poner los arreos. Sit-cum-to-ha era la hija de su hija, pero se hallaba demasiado ocupada para derrochar un pensamiento en su quebrantado abuelo, sentado, solo, allí, en la nieve, abandonado e indefenso. Era preciso levantar campamento. La larga senda esperaba, en tanto que el breve día se negaba a demorarse. La vida la llamaba, y también los deberes de la vida, si no la muerte. Y él se encontraba ya muy cerca de la muerte."
Liga de los ancianos, La
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"En los cuarteles un hombre iba a ser condenado a muerte. Se trataba de un viejo, un nativo del río Whitefish, que desemboca en el Yukón debajo del lago Le Barge. Todo Dawson estaba pendiente del asunto, e igualmente los habitantes de Yukón en mil millas a la redonda. Era costumbre de los ladrones de tierras y de aguas anglosajones hacer cumplir su ley a los pueblos conquistados, y frecuentemente esta ley era rigurosa. Pero en el caso de Imber, la ley parecía, por una vez en la vida, inadecuada y débil. En la naturaleza matemática de las cosas, la equidad no residía en el castigo que se le aplicase. El castigo era una conclusión predeterminada, no podía haber duda de ello, y aunque era capital, Imber sólo tenía una vida, mientras que los cargos contra él se contaban por cientos."
Llamada de la selva, La
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El perro Buck vive cómodamente en una granja del sur de Estados Unidos hasta que es vendido y enviado al norte. Ahí, la vida junto a sus nuevos amos, buscadores de oro, se vuelve más triste. Uno de ellos, sin embargo, lo salva de morir, y a partir de entonces, Buck no sólo se convierte en su amigo, sino que le demuestra su gratitud de mil modos. Pero algo ha cambiado para siempre en Buck: sus ancestros salvajes comienzan a despertarse; ha oído de pronto la llamado de la selva... Un hermoso clásico de Jack London que nos devuelve a la naturaleza y al mundo primitivo, lo que resulta especialmente valioso en una sociedad mecanizada como la de hoy.
Lo inesperado
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"Es cosa fácil ver lo evidente, hacer lo esperado, La vida individual tiende a ser estática en vez de dinámica, y a esta tendencia la civilización la ha convertido en una propulsión, donde sólo se ve lo evidente, y lo, inesperado raramente ocurre."
Lo inesperado (The Unexpected)
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Es cosa fácil ver lo evidente, hacer lo esperado. La vida individual tiende a ser estática en vez de dinámica, y a esta tendencia la civilización la ha convertido en una propulsión, donde sólo se ve lo evidente, y lo inesperado raramente ocurre.
Lobo de mar, El
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Humphrey van Weyden es un caballero inglés que por azares del destino llega a un barco cazador de focas, el "Ghost", en el que conoce a Wolf Larsen, el Lobo de Mar, un hombre inteligente y astuto pero con instintos animales y fuerza bruta. En este barco vivirá experiencias aterradoras pero que harán de él un superhombre (teoría filosófica de Nietzche, en boga en esa época); conocerá el verdadero amor y la responsabilidad, con ayuda del Lobo, que lo forzará a sacar lo valioso de sí, en formas poco convencionales pero con los mejores resultados. No es sólo un libro de aventuras; encierra además la verdad universal: el fuerte sobrevive, el débil es devorado por el poderoso.
Los buscadores de oro del Norte (The Gold Hunters of the North)
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—Iván, te prohíbo que sigas adelante con esta empresa. Ni una palabra de esto o estamos perdidos. Si se enteran los americanos o los ingleses de que tenemos oro en estas montañas, nos arruinarán. Nos invadirán a miles y nos acorralarán contra la pared hasta la muerte.
Mauki
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Pesaba ciento diez libras. Tenía el pelo ensortijado y su piel era negra. Pero de un negro muy especial. Ni azulado ni rojizo, sino tirando a ciruela.
Mejores narraciones
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Una fabulosa recopilación de las mejores narraciones cortas del autor.
Mil docenas, Las
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"David Rasmunsen era un buscavidas, y como muchos hombres de mayor estatura, un hombre de una sola idea. Por lo tanto, cuando la clarinada del norte resonó en sus oídos, concibió una aventura relacionada con huevos, y dedicó todas sus energías a concretarla. Calculó brevemente, y en términos palpables, y la aventura se volvió iridiscente, espléndida. La de que los huevos se venderían en Dawson a cinco dólares la docena era una premisa segura. Por lo cual resultaba indiscutible que mil docenas equivaldrían, en la Metrópoli Dorada, a cinco mil dólares."
Millar de muertes, Un
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"Había estado en el agua aproximadamente una hora, y el frío y el cansancio, aunados al terrible calambre en el muslo derecho, me hacían pensar que había llegado mi fin. Luchando vanamente contra la poderosa marea descendente, había contemplado la enloquecedora procesión de las luces costeras, pero ya había dejado de luchar con la corriente y me contentaba con los. amargos recuerdos de mi vida malgastada, ahora cercana a su fin."
Muertes concentricas, Las
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"Wade Atsheler ha muerto... ha muerto por mano propia. Decir que esto era inesperado para el reducido grupo de sus amigos, no sería la verdad; sin embargo, ni una vez siquiera, nosotros, sus íntimos, llegamos a concebir esa idea."
Odisea en el norte
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"Los trineos dejaban oír su eterna queja, a la que se mezclaba el chirriar de los arneses y el tintineo de las campanillas de los perros que iban en cabeza. Pero los hombres y los animales, rendidos de fatiga, guardaban silencio. Una capa de nieve reciente dificultaba la marcha sobre la pista. Estaban ya muy lejos del punto de partida. Los perros, arrastrando una carga excesiva de ancas de alce congeladas, duras como el pedernal, se apalancaban con todas sus fuerzas en la blanda superficie de la nieve y avanzaban con una terquedad casi humana."
Pagano, El
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"Lo conocí en una tempestad, y aunque la capeamos en la misma goleta, sólo lo vi cuando ésta se hizo pedazos bajo nuestros pies. No cabe duda de que lo había visto con el resto de la tripulación kanaka a bordo, pero no tuve conocimiento consciente de su existencia, pues la Petite Jeanne se encontraba más bien atestada. Además de sus ocho o diez marineros kanakas, su capitán blanco, el primer oficial y el sobrecargo, y sus seis pasajeros de camarote, zarpó de Rangiroa con algo así como ochenta y cinco pasajeros de cubierta, gente de las Paumoto y tahitianos, hombres, mujeres y niños, cada uno con una caja de mercancías, para no hablar de las esteras para dormir, las mantas y los atados de ropas."
Pagano, El (Ilustrado)
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"...Había concluido la temporada perlera en las Paumotus y los buceadores regresaban a Tahití. Los seis pasajeros de camarote traficábamos en ese artículo. Dos eran americanos, otro, Ah Choon, el chino más blanco que jamás he visto, otro alemán, otro judío polaco, y yo, que completaba la media docena..."
Para encender un fuego
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"El día había amanecido frío y gris, muy gris y frío, cuando el hombre se apartó de la senda principal del Yukón y subió a la elevada costa de tierra, donde una senda vaga y poco transitada se orientaba hacia el este, a través de las ricas tierras de abetos. Era una ladera empinada, y se detuvo en la cima para recuperar el aliento, y mediante una mirada al reloj se disculpó ante sí mismo por el acto. Eran las nueve..."
Peste escarlata, La
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"El camino, de borroso trazado, seguía lo que en otro tiempo había sido el terraplén de una vía férrea que, desde hacía muchos años, ningún tren había recorrido. A derecha e izquierda, el bosque, que invadía e hinchaba las laderas del terraplén, envolvía el camino en una ola verde de árboles y matorrales. El camino no era otra cosa que un simple sendero, con anchura apenas suficiente para que dos hombres avanzaran de lado. Era algo así como una pista de bestias salvajes."
Pillastrona, La
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“Hay cuentos que deben ser necesariamente historia, tales, que no podría imaginarlos la fantasía del más narrador, y asimismo hay hombres de historia de cuyas narraciones es imposible dudar. Julián Jones era uno de estos hombres. No sé si la mayoría de mis lectores podrá creer la historia que Julián Jones me relató. Sin embargo, yo creo en la veracidad de cuanto me dijo. Tan convencido estoy de ello, que de buena gana invertiría mi capital, si lo tuviera, en la empresa, y hasta siento vehementes deseos de embarcarme en plan de aventura hacia el lejano país de esta verdadera historia…”
Por el hombre que está en la pista
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"—¡Échalo de una vez! —Óyeme, Kid. Esto va a resultar demasiado fuerte. La mezcla del whisky y el alcohol ya es bastante explosiva. Y si además le añades coñac, pimienta y... —¡Te digo que lo eches! ¿No soy yo el autor de este ponche? ¡Pues obedece! "
Quimera del Oro, La
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Los cuentos de Jack London que recoge este volumen tienen casi todos un factor común: la fiebre de los buscadores de oro en Alaska durante la segunda mitad del siglo XIX. El oro, que enriqueció a algunos, destruyó a muchos, convirtiéndose así en una, auténtica "quimera". Un aliento trágico recorre estos cuentos, duros y brillantes como el hielo que los sustenta. Porque la verdadera protagonista es la inmisericorde naturaleza helada, ese impresionante silencio blanco, ámbito y preludio de la muerte, donde hasta los espíritus más febriles y seguros pueden caer bajo la bofetada implacable del frío polar.
Redada contra los ostreros furtivos
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De los distintos patrulleros a cuyas órdenes hemos servido, creo que Charley Le Grant y yo estábamos de acuerdo en que Neil Partingtón era el mejor. No era deshonesto ni cobarde, y aunque exigía una obediencia estricta cuando estábamos a sus órdenes, al mismo tiempo nuestras relaciones eran de amigable camaradería, y nos permitía una libertad a la que por lo general no estábamos acostumbrados, como demostrará el presente relato.
Relatos de los Mares del Sur
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La mayor parte de las narraciones incluidas en este volumen rememoran y dan forma a las intensas experiencias vividas por el autor durante el largo viaje que realizó entre 1907 y 1909 a Polinesia. Pese a estar recorridos siempre por una corriente de humor o de una fina ironía, estos RELATOS DE LOS MARES DEL SUR expresan, sin embargo, las obsesiones y convicciones que dominaron la existencia del inquieto autor de 'El silencio blanco', 'El lobo de mar' o 'La llamada de la naturaleza'.
Rojo, El
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"¡Allí estaba! Bassett, mientras la controlaba con su reloj, comparó la abrupta liberación de sonido, con la trompeta de un arcángel. Los muros de las ciudades, meditó, bien podían desmoronarse ante una intimación tan apremiante. Por milésima vez trató vanamente de analizar la cualidad tonal de ese enorme repique que dominaba la tierra hasta mucho más allá de las plazas fuertes de las tribus vecinas."
Rumbo Oeste (Make Westing)
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Siete semanas llevaba el Mary Rogers entre los 50° sur, en el Atlántico, y los 50° sur, en el Pacífico, lo que significaba que llevaba siete semanas luchando por doblar el Cabo de Hornos.
Ruta de los tres soles, La
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"Sitka Charley fumaba su pipa y contemplaba pensativo la ilustración de la Police Gazette, sobre la pared. Durante media hora había estado observándola fijamente, y durante media hora yo había estado observándolo a él, con sigilo. Algo estaba pasando por aquella mente, y, fuera lo que fuese, supe que valía la pena enterarse. Charley había vivido la vida, y visto cosas, y realizado ese prodigio de los prodigios de haber vuelto la espalda a su gente y, tanto como ello era posible para un indio, convertirse en un hombre blanco hasta en sus procesos mentales. Como él mismo lo expresó, había venido hacia nuestro calor, se había sentado entre nosotros, junto a nuestros fuegos, y se había convertido en uno de nosotros. No aprendió nunca a leer o a escribir, pero su vocabulario era admirable, y más admirable aún era la amplitud con que había asumido el punto de vista del hombre blanco, la actitud del hombre blanco hacia las cosas."
Siete cuentos de la Patrulla Pesquera y otros relatos
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" Las aguas de la Bahía de San Francisco contienen todo género de peces; por eso surcan su superficie las quillas de todo género de pesqueros, tripulados por todo género de pescadores. Para proteger a los peces contra esta abigarrada población flotante se han promulgado muchas leyes acertadas y existe una patrulla pesquera que se encarga de que esas leyes se cumplan..."
Silencio blanco, El
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"-Carmen no durará más de un par de días. Mason escupió un trozo de hielo y examinó tristemente al pobre animal. Luego se llevó una pata de este a la boca y comenzó a arrancar a bocados el hielo que se le apiñaba cruelmente entre los dedos. "
Tomaii el de los elefantes
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"Kala Nag, que significa la serpiente negra, había servido al Gobierno de la India, de todos los modos posibles para un elefante, por espacio de cuarenta y siete años, y como ya tenía veinte bien cumplidos cuando lo cazaron, arroja la suma un total de cerca de setenta años... la edad madura para un elefante."
Trozo de carne, Un
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"Con el último fragmento de pan, Tom King limpió su plato de la última partícula de salsa de harina y mascó el bocado resultante, en forma lenta y meditativa. Cuando se levantó de la mesa, lo oprimía la sensación de estar indudablemente hambriento. Y sin embargo, sólo él había comido. Los dos niños de la otra habitación fueron enviados temprano a la cama, para que en el sueño olvidasen que habían quedado sin cenar."
Un apuesto grumete (The Handsome Cabin Boy)
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The Owl Magazine (julio 1899) —Y aquel muchacho tan apuesto era... —Pues, naturalmente, pura y simplemente la mujer del velo. —¡Bueno, basta ya! —exclamé—. Eso está muy bien para un suplemento dominical, pero en la vida real no es tan fácil engañar a la gente.
Un buen bistec (A Piece of Steak)
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Tom King rebañó el plato con el último trozo de pan para recoger la última partícula de gachas, y masticó aquel bocado final lentamente y con semblante pensativo.
Un millar de muertes(A Thousand Deaths)
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Había estado en el agua aproximadamente una hora, y el frío y el cansancio, aunados al terrible calambre en el muslo derecho, me hacían pensar que había llegado mi fin. Luchando vanamente contra la poderosa marea descendente, había contemplado la enloquecedora procesión de las luces costeras, pero ya había dejado de luchar con la corriente y me contentaba con los amargos recuerdos de mi vida malgastada, ahora cercana a su fin.
Vagabundo de las Estrellas, El
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La más sorprendente y enigmática obra de Jack London, en ellas nos ofrece uno de sus temas más queridos: la lucha del hombre, como portador de valores eternos, por la supervivencia, no sólo física sino también mental.
Vagabundos, Los
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"La hoguera ardía jubiIosa en el campamento de la selva, y a su amor dormitaba un engendro monstruoso con apariencia de hombre, Era un vagabundo del bosque, que había asentado sus reales en la cinta de árboles interpuestos entre el terraplén del ferrocarril y la ribera del río. Pero el pordiosero aparecía tan desastrado y vencido, tan hondamente anegado en los bajos fondos del abismo social, que cualquier vagabundo hubiera tenido a menos compartir su hoguera y su trato."
Valle de la luna, El
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Viajero incansable por tierras y mares, espíritu andariego enamorado de la aventura, Jack London recorrió en sus mocedades grandes extensiones de los Estados Unidos y extrajo de su experiencia ingentes materiales para sus creaciones literarias. El valle de la Luna, destacada por Irving Stone en su hermosa biografía de Jack London como una de las obras culminantes del autor, junto con Martin Eden y Memorias de un alcoholista, es una novela de ambiente norteamericano, en la que el lector no sabe qué admirar más: si la vívida descripción del medio físico, la belleza del romance que alienta en sus páginas o la fuerza de la aventura que lleva a sus protagonistas a cruzar el territorio de los Estados Unicos en busca del "Valle de la Luna". Los dos jóvenes enamorados que emprenden la marcha en un viejo carromato, verdadera casa ambulante con la que pretenden huir de la ciudad en busca de la paz de las praderas y del idílico panorama del "Valle de la Luna", traen a la memoria la figura atormentada y voluntariosa del verdadero London, que antes que escritor, o, mejor dicho, simultáneamente con sus labores literarias, sentíase vagabundo y aventurero, soñador errante e incapaz de echar raíces en parte alguna, pues su alma buscaba una imagen ideal de belleza que no pudo encontrar en ningún lugar de la tierra.
Yah Yah Yah
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Se llamaba McAllister. Ya era viejo y temblón; sus manos se movían continuamente como si estuviese azogado, y cuando cogía el frasco para servirse el whisky, sea dicho en honor de la verdad, nunca le ví derramar una sola gota.
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