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Autor:
MacDonald, George
Machado de Assis, J. M.
Machado, Antonio
Machado, Graciela
Machen, Arthur
Maclintock, Letitia
Madrazo, Pedro de
Maeterlinck, Maurice
Magariños Cervantes, Alejandro
Mahoma
Maier, Michael
Maistre, Xavier de
Mallorquí, José
Malot, Hector
Malraux, André
Manetón
Mann, Thomas
Manrique, Gómez
Manrique, Jorge
Mansfield, Katherine
Mansilla, Eduarda
Mansilla, Lucio V.
Manso, Juana Paula
Maquiavelo, Nicolás
Marchena, José
Marco Aurelio
Marguerite,Paul
Mármol, José
Márquez, Juan
Marryat, Frederick
Martí, José
Martínez de la Rosa, Francisco
Marx, Groucho
Marx, Karl
Masso, Gustavo
Mata Hernández, Francisco A. J.
Mauclair, Camille
Maupassant, Guy de
Maurras, Charles
Medina, José Toribio
Meinvielle, Julio
Melchor de Jovellanos, Gaspar
Melville, Herman
Méndez Calzada, Enrique
Menéndez Pelayo, Marcelino
Merimée, Prospère
Merino, Gabriel
Mérou, Martín Garcia
Merritt, Abraham
Mesonero Romanos, Ramón de
Mew, Charlotte
Meyrink, Gustav
Mill, John Stuart
Milla, José
Miller, Henry
Milton, John
Mira de Amescua, Antonio
Miró, Gabriel
Mishima,Yukio
Mistral, Frédéric
Mitchell, Margaret
Mitre, Bartalomé
Miyamoto, Musashi
Mocho, Fray
Molière
Molina, Tirso de
Molinero, Rafael
Moncada, Francisco de
Montaigne, Michel de
Montalvo, Garci Rodríguez de
Monteavaro, Antonio
Montemayor, Jorge de
Montengón, Pedro
Montesquieu
Montgomery, L.M,
Mora, Juan de Dios
Moreno, Mariano
Moreto, Agustín
Moro, Tomas
Motte-Fouqué, Baron de la
Mouravieff, Boris
Mozart, Wolfgang Amadeus
Muller, Wilhelm
Muniagurria, Saturnino
Musashi, Miyamoto
Muso Kokushi
Musset, Alfred de
Mansfield, Katherine
(1888-1923)
A pesar de que Katherine Mansfield nació en Wellington, Nueva Zelanda, en 1888, su nombre está incluido dentro de la literatura inglesa de las primeras décadas del siglo XX. Y se debe incluirla dentro de la literatura de ese país no sólo por las relaciones que tuvo con escritores de Inglaterra, sino también por su voluntad de conocer Londres y vivir en ella.
Su primer viaje a Londres lo hizo cuando tenía trece a?os. Aún se llamaba Kathleen Beauchamp. No pudo quedarse más tiempo en la ciudad europea, debido a que su familia le exigió el regreso. A los veinte a?os, luego de insistentes pedidos a su padre, retornó a Inglaterra. Su padre, quien era un afamado hombre de negocios de Wellington, la ayudó a subsistir en la nueva ciudad, otorgándole una mensualidad. A esa ayuda económica se le sumaron las clases de violín que daba ella. Sin em bargo, sus días londinenses estuvieron rodeados de un ambiente bohemio, lejos de la comodidad que disfrutaba en su ciudad natal.
En 1911 publicó su primer libro, los cuentos de En una Pensión Alemana. Gran parte de la obra fue escrita en Alemania, a donde viajó ocasionalmente por un conflicto sentimental, hasta que en 1912 volvió a Londres, la ciudad que la fascinaba.
En esos primeros a?os del nuevo siglo, llegaron a Inglaterra los primeros cuentos traducidos del escritor ruso Antón Chéjov, lo que generó la atención de toda la comunidad intelectual inglesa. Katherine Mansfield no fue la excepción, e incluso siempre se la comparó -por su estilo y temática- con el creador ruso.
De regreso a Londres, Mansfield comenzó a escribir en la revista Review, cuyo director, John Middleton Murry, conocido por toda la intelectualidad inglesa de la época, terminó siendo su esposo, en 1918.
El mismo a?o en que se casó con Middleton Murry, Katherine Mansfield publicó dos relatos largos, "Preludio" y "En la Bahía". Los dos cuentos retrataron su infancia con la misma frescura con que vivió esos a?os. Esos relatos fueron también una suerte de evocación a su hermano, quien durante la Primera Guerra Mundial se había sumado a las tropas expedicionarias del ejército inglés y murió en el frente de batalla.
Comenzaba la década del veinte y Mansfield presentía que su tuberculosis era incurable. En esos a?os, aceleró su producción literaria. En 1920 publicó Felicidad y otros cuentos; dos a?os después, La Fiesta en el jardín y otros cuentos. La escritora ya ocupaba un lugar
de respeto y admiración dentro de la literatura inglesa. Sin embargo, debido a su enfermedad, en 1922 dejó de escribir.
La esperanza por vivir la había forzado a adoptar una vida naturista. El mismo a?o en que abandonó la escritura, se internó en un establecimiento de disciplina espiritual, dirigido por Gurdjieff, un recurrido y prestigioso teósofo. En ese mismo internado falleció en 1923, con sólo treinta y cinco a?os.
Su esposo, Middleton Murry, continuó publicando escritos de Mansfield, entre los que se destacaron los diarios y las cartas, textos íntimos que mostraron una forma de pensar innovadora, cuya comprensión, en algunos casos, demoró algunas décadas.
Titulo
Alemanes a la mesa
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"Habían servido sopa de pan. -¡Ah! -dijo el señor consejero según se inclinaba para husmear en la sopera-, esto es lo que yo necesitaba. Hace unos días que me funciona el Magen-. Sopa de pan, y en su punto de espesor. Soy buen cocinero. -Se volvió hacia mí. -¡Qué interesante! -dije intentando dar a mi voz el en¬tusiasmo preciso."
Canario, El
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"¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza mirarlo, y, sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco en pensar que allí estará siempre, aun después de mi muerte. A veces oigo a los vecinos que dicen: «Antes allí debía de colgar una jaula». Y eso me consuela: así siento que no se le olvida del todo..."
Cine
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Eran las ocho de la mañana. Ada Moss, tendida en su cama de hierro, miraba el techo. La habitación, situada en un último piso interior de Bloomsbury, olía a hollín, a polvo y también a patatas fritas, pues su olor aún persistía en el papel donde las había traído la noche anterior.
Cómo fue secuestrada Pearl Button
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Pearl Button se estaba meciendo en la verja de la puerta de su jardín. Eran las primeras horas de la tarde de un día de sol. Brisas ligeras jugaban al escondite, soplando de vez en cuando en la boca de Pearl, haciendo volar su delantal y levantando el polvo de la calle por encima de su casa.
Cuentos Recopilados de Katherine Mansfield
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"Se sirvió una sopa de pan. -Ah -dijo Herr Rat, echándose sobre la mesa para mirar dentro de la sopera-, esto es lo que necesito. Mi "magen" ha estado un poco descompuesto desde hace varios días. ¡Sopa de pan y en su punto! Yo mismo soy un buen cocinero -se volvió hacia mí. -Qué interesante -dije, tratando de infundir a mi voz el entusiasmo adecuado. -Sí, sí... cuando uno no está casado es necesario. Yo, aquí donde me ve, he tenido todo lo que he querido de las mujeres sin recurrir al matrimonio-. Metió la punta de la servilleta dentro del cuello de su camisa y sopló sobre la sopa al hablar: -A eso de las nueve me preparó un desayuno inglés, pero no gran cantidad. Cuatro rebanadas de pan, dos huevos, dos tajadas de jamón frío, un plato de sopa, dos tazas de té... Eso no es nada para ustedes."
Día de Nacimiento
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"Andreas Binzer despertó lentamente. Se dio la vuelta en la estrecha cama y se estiró; bostezó, abriendo la boca tanto como pudo, juntando los dientes con un cortante «clic». El sonido de este «clic» le fascinó; lo repitió varias veces con un restallante movimiento de mandíbulas. «¡Qué dientes! -pensó-. Sanos como una manzana, todos y cada uno de ellos."
El Barón
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"-¿Quién es? -pregunté-. ¿Y por qué se sienta siempre solo, dándonos la espalda? -¡Ah! -susurró la esposa del consejero superior del gobierno-. Es un barón. Me miró solemnemente y con algo de desdén, con esa expresión de «qué-curioso-no-haber-advertido-eso-a-simple¬vista». -Pero eso no es culpa suya, pobrecillo -dije-. Sin duda, esa desgracia no debería excluirle de los placeres del intercambio cultural."
El día del señor Reginald Peacock
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No había nada que le molestara tanto como la manera que ella tenía de despertarle por la mañana. Sin duda lo hacía adrede. Así tenía un motivo para quejarse durante todo el día, y él no iba a dejarle adivinar hasta qué punto resultaba eficaz esa actitud. Pero en realidad despertar así a una persona sensible era peligroso, y a él le costaba horas reponerse de la impresión; sí, varias horas.
El espíritu moderno
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"—Buenas tardes —dijo el Herr Professor al estrecharme la mano—. ¡Un tiempo espléndido! Acabo de llegar de la fiesta del bosque. He estado haciendo música para ellos con mi trombón. ¿Sabe usted?, esos pinos proporcionan un acompañamiento muy adecuado para un trombón. Suspiran delicadeza contra su fuerza sostenida, como hice notar en Frankfurt, en una conferencia sobre instrumentos de viento. ¿Me permite que me siente a su lado en este banco, gnädige Frau?"
El Hombre Apático
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Estaba de pie en la puerta del vestíbulo dando vueltas a la pesada sortija de sello que llevaba en el dedo meñique, mientras recorría con una fría mirada las mesas y las butacas de mimbre repartidas por la galería. Frunció los labios como si fuera a silbar, pero no silbó; solo siguió dando vueltas a la sortija en el dedo de su mano limpia, recién lavada.
El Luft Bad
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"Creo que deben de ser las sombrillas las que nos hacen parecer ridículas. Cuando me admitieron por primera vez en el recinto y vi a mis compañeras bañistas dando vueltas casi «en cueros», me chocó el toque tropical de las sombrillas. Hay una dignidad ridícula en sostener sobre una un objeto de algodón verde con una cotorra roja por mango, cuando vas vestida con algo no mayor que un pañuelo."
El Veneno
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El cartero se había retrasado. Cuando volvimos de nuestro paseo, antes del almuerzo, aún no había venido. -Pas encore, monsieur -dijo Annette casi cantando, y volviendo deprisa a sus cacerolas.
El viento sopla
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Matilde se despierta sobresaltada. ¿Qué ocurre? Debe de haber sucedido algo horroroso. No, no ha pasado nada. Es el viento que sacude la casa y hace que rechinen los postigos, que golpee un trozo de hierro en el tejado, que se agiten los árboles y que tiemble la cama.
En la bahía
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"De mañana, muy temprano. Aún no se había levantado el sol, y la bahía entera se escondía bajo una blanca niebla llegada del mar. Al fondo, las grandes colinas recubiertas de maleza, aparecían sumergidas. No se podía ver dónde acababan, donde empezaban las praderas y los bungalows La carretera arenosa había desaparecido, con los bungalows y los pastos al catre ladea; más allá, no se veían mas chic dunas blancas cubiertas de una hierba rojiza; nada indicaba qué era playa, ni dónele se encontraba el mar..."
En Lehmanns
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"Desde luego Sabina no tenía una vida descansada. Estaba al trote desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche. A las cinco saltaba de la cama, se vestía, se ponía una bata de manga larga, de alpaca, sobre el vestido negro y enfilaba a tientas la escalera hacia la cocina."
Espíritu moderno, El
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"-Buenas tardes -dijo el Herr Professor al estrecharme la mano-. ¡Un tiempo espléndido! Acabo de llegar de la fiesta del bosque. He estado haciendo música para ellos con mi trombón. ¿Sabe usted?, esos pinos proporcionan un acompañamiento muy adecuado para un trombón. Suspiran delicadeza contra su fuerza sostenida, como hice notar en Frankfurt, en una conferencia sobre instrumentos de viento. ¿Me permite que me siente a su lado en este banco, gnädige Frau?"
Felicidad
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"A pesar de sus treinta años, Berta Young tenía momentos como éste de ahora, en los que hubiera deseado correr en vez de andar; deslizarse por los suelos relucientes de su casa, marcando pasos de danza; rodar un aro; tirar alguna cosa al aire para volverla a coger, o quedarse quieta y reír... simplemente por nada."
Felicidad (2)
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A pesar de sus treinta años, Berta Young tenía momentos como este, en los que hubiera deseado correr en vez de andar; deslizarse por los suelos relucientes de su casa, marcando pasos de danza; rodar un aro; tirar alguna cosa al aire para volver a cogerla, o quedarse quieta y reír... simplemente por nada.
Feuille D Album
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Verdaderamente era un ser imposible; demasiado tímido. No le adornaba ninguna cualidad y era pesado como el plomo. Si visitaba algún estudio, no veía nunca el momento de marcharse, y allí seguía sentado horas y horas hasta que la exasperación casi le obligaba a uno a chillarle y a desear tirarle algo enorme a la cabeza—la estufa de hierro, por ejemplo—. Solo entonces se sonrojaba y se decidía a irse.
Fiesta en el jardín
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"Y, después de todo, el tiempo era ideal. Si lo hubieran hecho de encargo no habría resultado un día más perfecto para la fiesta en el jardín. Sin viento, cálido, el cielo sin una nube."
Frau Brechenbacher asiste a una boda
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"Prepararse era una tarea espantosa. Después de la cena Frau Brechenmacher despachó cuatro o cinco niños a la cama. A Rosa le permitió que se quedara y le ayudase a limpiar los botones del uniforme de Herr Brechenmacher. Luego repasó su mejor camisa con una plancha caliente, lustró sus botas y dio un par de puntadas a su corbata de raso negro."
Frau Brechenmacher asiste a una boda
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"Prepararse era una tarea espantosa. Después de la cena Frau Brechenmacher despachó cuatro o cinco niños a la cama. A Rosa le permitió que se quedara y le ayudase a limpiar los botones del uniforme de Herr Brechenmacher. Luego repasó su mejor camisa con una plancha caliente, lustró sus botas y dio un par de puntadas a su corbata de raso negro."
Frau Fischer
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"Frau Fischer era la afortunada propietaria de una fábrica de velas de algún lugar a orillas del Eger, y una vez al año dejaba su trabajo para hacer una «cura» en Dorschausen. Llegaba con una cesta de ropa, primorosamente cubierta por un lienzo negro, y un bolso."
Je ne parle paz francais
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"No sé por qué me atrae tanto este cafetín. Es sucio, de una gran tristeza, y ni siquiera tiene algo que lo distinga de cientos como él. Tampoco vienen aquí diariamente los mismos tipos raros que pueda observar desde mi rincón para averiguar poco más o menos -insistiendo en el menos- su punto flaco."
La casa de muñecas
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"Cuando la querida anciana señora de Hay volvió a la ciudad después de pasar un tiempo en casa de los Burnell, les envió a los niños una casa de muñecas. Era tan grande que el cochero y Pat la llevaron al patio, y allí quedó, apuntalada por dos cajas de madera al lado de la puerta del comedor diario."
La dama Progresista
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"-¿Cree usted que le podemos pedir que os acompañe? -dijo Fraulein Elsa según se ataba por segunda vez el cintillo rosa delante del espejo-. ¿Sabe usted?, aunque es tan intelectual, no puedo menos que pensar que tiene una pena secreta. Y Lisa me dijo esta mañana, mientras me arreglaba la habitación, que se pasa horas y horas sola, escribiendo; de hecho, dice Lisa que está escribiendo un libro. Me imagino que por eso no se molesta en mezclarse con nosotras y dedica tan poco tiempo a su marido y a la niña."
La hermana de la Baronesa
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"-Esta tarde llegan dos nuevos huéspedes -dijo el gerente del hotel, conforme colocaba una silla junto a mí en la mesa del desayuno-. Esta mañana recibí la carta en que me lo notificaban. La baronesa von Gall envía a su hija menor (la pobre niña es muda), para que haga una «cura». Pasará un mes con nosotros, y luego vendrá la baronesa en persona."
La Joven Institutriz
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¡Ay, Dios mío! ¡Cuánto hubiese deseado no salir de noche! Le hubiera gustado mucho más viajar de día. Pero la directora de la Agencia de Institutrices le había dicho: -Será mejor que embarque de noche, y luego, si en el tren consigue encontrar sitio en un compartimento para señoras, estará mucho más segura que durmiendo en un hotel. No se pasee por el pasillo, y, si tiene que ir al lavabo, no olvide cerrar bien la puerta.
La lección de canto
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"Desesperada, con una desesperación gélida e hiriente que se clavaba en el corazón como una navaja traidora, la señorita Meadows, con toga y birrete y portando una pequeña batuta, avanzó rápidamente por los fríos pasillos que conducían a la sala de música."
La niña que estaba cansada
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"Acababa de echar a andar por un caminito blanco con altos árboles negros a ambos lados, un caminito que no llevaba a ninguna parte y por donde nadie pasaba, cuando una mano la, agarró por el hombro, la sacudió y le dio un pescozón. - ¡Oh, no me detenga! -gritó la Niña que estaba cansada-. ¡Déjeme ir! -Levántate, mocosa inútil -dijo la voz-, levántate y enciende el horno, o no te va a quedar un hueso sano."
La Oscilación del Péndulo
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"La patrona llamó a la puerta. -Entre -dijo Viola. -Hay una carta para usted -anunció la patrona-, una carta especial. -Sostenía el sobre verde con la esquina de su sucio delantal. -Gracias -Viola, arrodillada en el suelo, atizando la pequeña estufa polvorienta, alargó la mano-. ¿Espera respuesta? -No, el mensajero se ha ido."
La señorita Brill
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SOLAMENTE DISPONIBLE EN FORMATO PDF. - ********************************************************************** "Aunque hacía un tiempo maravilloso el azul del firmamento estaba salpicado de oro y grandes focos de luz como uvas blancas bañaban los Jardins Publiques. La señorita Brill se alegró de haber cogido las pieles."
Matrimonio a la moda
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"CAMINO DE la estación, William se dio cuenta de que había olvidado comprar algo para los críos. El olvido le causó gran malestar. ¡Pobres niños! ¡Qué pena! Las primeras palabras que decían siempre cuando corrían a saludarle eran: «¿Qué nos traes, papá?», y él no llevaba nada. Tendría que comprarles unos dulces en la estación. Pero eso era lo que había hecho los cuatro sábados anteriores, y la última vez sus caras habían sido lo suficientemente expresivas al ver aparecer las mismas cajas de costumbre."
Mosca, La
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"Miraba desde el fondo del gran butacón de cuero verde, junto a la mesa de su amigo el jefe, como lo haría un bebé desde su cochecito. Su conversación había terminado; ya era hora de marchar. Pero no quería irse."
Mujer del almacén, La
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El personaje principal de "La mujer del almacén" reúne ciertas características que esquivan el modelo femenino consagrado en épocas victorianas. Una mujer que besa de ciento veinticinco maneras diferentes y que declara haber tenido cuatro abortos. Su hija, que se expresa a partir de dibujos, conserva el misterio que fracturó a esa familia y que se animará a revelar. La descripción de la relación entre madre e hija tiene ciertos elementos que dejan en evidencia las lecturas de Sigmund Freud, conjugados con la intriga que aparece desde el comienzo de la narración.
Preludio
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"Ni un dedo ele sitio quedaba en el coche para Lottie y Kezia Se bambolearon, cuando Pat las sentó en la cima de un montón de equipajes. La abuela tenía lleno de bultos su regazo, y Linda Burnell nunca había podido llevar en el suyo, durante un trayecto de viaje, ni siquiera un fragmento de chiquillo. Dominándolo todo iba Isabel, en lo alto, junto al nuevo criado, en el asiento del cochero. Paquetes, maletas y cajas se apilaban en el fondo."
Preludio (2)
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"No había donde meter a Lottie y a Kezia en la calesa. Cuando Pat las puso encima del equipaje se tambalearon. La abuela tenía el regazo ocupado y de ningún modo Linda Burnell habría podido cargar con el peso de una niña en el suyo. Isabel, con aires de superioridad, estaba sentada junto al mozo nuevo en el pescante. En el suelo se amontonaban baúles, maletas y cajas."
Psicología
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Cuando abrió la puerta y le vio allí de pie, sintió más alegría que otras veces. Y también él, mientras la seguía al estudio, parecía contento de haber venido. —¿No estabas trabajando? —No. Ahora iba a tomar el té. —¿No esperas a nadie? —No, a nadie. —¡Ah! ¡Qué suerte! Dejó el abrigo y el sombrero con lentitud, sin apresurar¬se, como si se despidiera de ellos para siempre o como si le sobrara tiempo para todo. Luego se acercó al fuego y tendió las manos hacia las vivas llamas que saltaban alegres.
Revelaciones
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Desde las ocho de la mañana hasta las once y media, Mónica Tyrel sufría de los nervios; y sufría tanto, que estas horas eran para ella una verdadera agonía.
Seis peniques
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¡Qué seres más extraños son los niños! ¿Por qué Dicky, un niño bueno como el pan, sensible, afectuoso, obediente y extraordinariamente razonable para su edad, tenía de repen¬te, sin que nada pudiera hacerlo prever, extraños arrebatos, y se volvía «un perro loco», como solían decir sus hermanas, sin que nadie pudiera dominarle en aquellos momentos?
Sol y Luna
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Por la tarde llegó un carro grande lleno de sillitas doradas, todas puestas patas arriba. Luego trajeron las plantas y las flores. Mirando desde lo alto del balcón a los hombres que las entraban, las macetas parecían hermosos sombreros que al atravesar el patio se movían como saludando.
Sopla el viento
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"Repentinamente... horriblemente... ella se despierta. ¿Qué ha ocurrido? Ha ocurrido algo horrible. No, no ha ocurrido nada. Es sólo el viento que estremece la casa, sacudiendo las ventanas, golpeando un hierro del techo y haciendo temblar su cama."
Un incendio
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"-Max, estúpido diablo, te romperé la cabeza como sigas corriendo de ese modo por la pendiente. Déjalo y acompáñame a tomar café al Club House. -Ya basta por hoy. Estoy empapado. Vamos, Víctor, viejo, dame un pitillo. ¿Cuándo te vas a casa? -Aún tardaré una hora. Hace una tarde espléndida y quiero ponerme un poco en forma. Atención, sal de la pista. Ahí viene Fraulein Winkel. ¡Endiabladamente elegante, su modo de conducir el trineo!"
Un pepinillo al eneldo
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Y entonces, después de seis años, le volvió a ver. Estaba sentado ante una de aquellas mesitas de bambú en la que había un jarrón lleno de narcisos de papel. Tenía delante un frutero lleno de frutas diversas, y pelaba una naranja de esa manera tan particular que ella reconoció al instante.
Y Luna, Sol
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Luna creyó que lo eran y dijo: —Mira, aquel hombre lleva una palmera en la cabeza. Aunque esto no era extraño, porque ella nunca sabía distinguir entre las cosas reales y las que no lo eran... Nadie cuidaba de Sol ni de Luna aquel día. La niñera estaba ayudando a Annie a arreglar el traje de mamá, que era demasiado largo y tenía las sisas poco escotadas, y mamá no hacía más que correr de un lado a otro de la casa y telefonear a papá para que no olvidara ninguno de los encargos. Solo tenía tiempo para decir: —¡Niños, quitaos de en medio!
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