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Autor:
Saavedra, Eduardo
Sabatini, Rafael
Saccas, Amonio
Sade, Marqués de
Saez de Melgar, Faustina
Safo
Sagan, Carl Edward
Saint-Exupéry, Antoine de
Saint-Pierre, Bernardin de
Saki
Sala, Felipe Jacinto
Salas y Quiroga, Jacinto
Salgari, Emilio
Salten, Félix
Salustio Crispo, Cayo
Salustri, Carlo Alberto
Samaniego, Felix M.
Sánchez de Thompson, Mariquita
Sánchez, Florencio
Sand, George
Sarmiento, Domingo Faustino
Sarmiento, Domingo Fidel
Sarrazín, Gabriel
Sartre, Jean Paul
Scheler, Max
Schiller, Federico
Schmid, Cristóbal
Schnitzler, Arthur
Scholl, Aurélien
Schopenhauer, Arturo
Schwob, Marcel
Scott, Walter
Segur, Condesa de
Selgas y Carrasco, José
Séneca
Sepúlveda Leyton, Carlos
Sewell, Anna
Shakespeare, William
Shaw, Bernard
Shelley, Percy Bisshe
Sheridan Le Fanu, Joseph
Shiel M.P.
Sicardi, Francisco A.
Silva, José Asunción
Silvestre, Armand
Sin, Lu
Sinclair, May
Sinnett, Alfred Percy
Sófocles
Soko Daido Ubalde
Somerset Maugham, William
Sosa, Julio
Soussens, Charles de
Spyri, Juana
Sri Anandamayi
Sri Aurobindo
Sri Nisargadatta Maharaj
Sri Ramakrishna
Sri Ramana Maharshi
Sri Swami Sivananda
Stapledon, Olaf
Stendhal
Stevenson, R.L.
Stewart, Mary
Stine, R. L.
Stoker, Bram
Storm, Hans Theodor
Storni, Alfonsina
Stowe, Harriet Beecher
Strindberg, August
Suetonio
Sun, Tzu
Svatmarama, Yogui
Swami Akilananda
Swami Prabhavananda
Swami Vivekananda
Swann, Thomas Burnett
Swedenborg, Emmanuel
Swift, Jonathan
Söderberg, Hjalmar
Sade, Marqués de
(1740-1814)
Escritor francés. Nombre familiar de Donatien Alphonse François, marqués de Sade, escritor francés de novelas, obras de teatro y tratados filosóficos, más conocido por sus obras eróticas, prohibidas durante mucho tiempo. Nació en París y luchó con el Ejército francés en la guerra de los Siete Años. En 1772 fue juzgado y condenado a muerte por diversos delitos sexuales. Escapó a Italia pero regresó a París en 1777 y fue detenido y encarcelado en Vincennes. Tras seis años en esta prisión fue trasladado a la Bastilla y en 1789 al hospital psiquiátrico de Charenton. Abandonó el hospital en 1790 pero fue detenido de nuevo en 1801. Rodó de prisión en prisión y en 1803 ingresó otra vez en Charenton, donde murió. En muchos de sus escritos, como Justine o los infortunios de la virtud (1791), Juliette o las prosperidades del vicio (1796), Los 120 días de Sodoma (publicada póstumamente) y La filosofía en el tocador (1795), Sade describe con gran detalle sus diversas prácticas sexuales. Así, el término sadismo se emplea en psiquiatría para designar el tipo de neurosis que consiste en obtener placer sexual infligiendo dolor a otros. Su filosofía considera naturales tanto los actos criminales como las desviaciones sexuales. Sus obras fueron calificadas de obscenas y hasta bien entrado el siglo XX estuvo prohibida su publicación.
Titulo
Agudeza Gascona
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"Un oficial gascón había recibido de Luis XIV una gratificación de ciento cincuenta doblones y, recibo en mano, entra sin hacerse anunciar en casa del señor Colbert, que estaba sentado a la mesa con varios caballeros Señores, ¿cuál de vosotros pregunta con un acento que delataba su patria, quien, os lo ruego, es el señor Colbert?"
Aline y Valcour o La Novela Filosófica
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"Es justificado contemplar la presente colección de cartas como una de las obras más picantes que hayan aparecido desde hace mucho tiempo. Se puede afirmar que nunca trazó el mismo pincel contrastes más singulares y, si en ellas la virtud se hace adorar por la forma atractiva y sincera con que es presentada, con toda seguridad los espantosos colores que ha utilizado para pintar el vicio harán que sea detestado. Es difícil describirlo bajo una fisonomía horrible."
Augustine de Villeblanche o la estratagema del amor
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"-De toda las desviaciones de la naturaleza, la que más ha hecho discurrir, la que más rara pareció a esos filósofos que todo lo quieren analizar sin comprender nunca nada -decía un día a una de sus mejores amigas mademoiselle de Villeblanche, de quien tendremos en seguida ocasión de ocuparnos-, es esa extraordinaria inclinación que las mujeres de cierta disposición, o de cierto temperamento, tienen por la gente de su sexo."
Aventura incomprensible pero atestiguada por toda una provincia
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"Todavía no hace cien años, en varios lugares de Francia perduraba aún la absurda creencia de que, entregando el alma al diablo, con ciertas ceremonias tan crueles como fanáticas, se conseguía de ese espíritu infernal todo lo que se deseara, y no ha pasado un siglo desde que la aventura que, relacionada con esto, vamos a narrar, tuvo lugar en una de nuestras provincias meridionales, donde todavía está atestiguada hoy en día por los registros de dos ciudades y respaldada por testimonios muy apropiados para convencer a los incrédulos."
Aventura incomprensible y atestiguada por toda una provincia
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..."El lector puede creernos: hablamos solamente tras haber hecho verificaciones. Por supuesto, no le garantizamos la efectividad del hecho, pero le aseguramos que más de cien mil almas lo creyeron, y que más de cincuenta mil pueden todavía hoy dar testimonio de la autenticidad con que está consignado en registros fidedignos. Permítasenos cambiar los nombres de la provincia y de las personas."
Carta XVIII. A la Señora de Sade
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"¡Oh, Dios mío, qué razón tiene Duclos cuando dice, en la página 101 de sus Confesiones, que las bromas de los togados siempre huelen a colegio! Séame permitido ir más allá y decir que siempre huelen a. antesala, a la maldita antesala, pues en las salas de arrabal seguramente no se soportarían las vulgaridades imbéciles que inventa tu madre con su tenedor de libros."
Carta I. A la Presidenta de Montreuil
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"Entre todos los medios posibles que la venganza y la crueldad pueden elegir, convenga en que ha optado usted, señora, por el más horrible de todos. Fui a París para recoger los últimos suspiros de mi madre; no llevaba otro propósito que verla y besarla por última vez, si aún existía, o llorarla, si ya había dejado de existir. ¡Y ese momento fue el que usted eligió para hacer de mí, una vez más, su víctima!"
Carta II, A la Señora de Sade
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"¡Oh, querida, mía!, ¿cuándo terminará mi horrible situación? ¿Cuándo me sacarán, Dios santo, de la tumba en que me han enterrado vivo? ¡No hay nada igual al horror de mi suerte, nada que pueda pintar todo lo que sufro, que pueda traducir la inquietud que me atormenta y las penas que me devoran!"
Carta III. A la Señora de Sade
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"Te contesto con mi acostumbrada puntualidad, querida mía, como que nada te será más fácil que contar mis charlas y ver si te falta alguna: no tienes más que contar las tuyas. No estoy imposibilitado para escribirte, desde luego. Si lo estuviera, conociendo tus sentimientos por mí y por miedo a inquietarte, me las arreglaría para que no lo advirtieras. Pero dime, te lo ruego, qué quieres decirme cada vez que dices: "Si no puedes escribirme, ¿por qué no dictas?""
Carta IV. A la Señora de Sade
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"Mucha razón hay en decir, querida amiga mía, que los edificios construidos a la manera en que me encuentro sólo se apoyan en la arena y que todas las ideas que uno se forma no son más que quimeras, destruidas tan pronto como se las ha concebido. De seis combinaciones que me había hecho, yo aparte, y en las que basaba una esperanza de próxima liberación, no queda, a Dios gracias, ni una sola, y tu carta del 14 de abril las ha hecho desaparecer como los rayos del sol disipan el rocío de la mañana."
Carta IX. A la Señora de Sade
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"No se puede estar más agradecido que lo que estoy querida mía, por la atención que has querido tener al enviarme la esquela que yo te había pedido, palabra por palabra. Desde luego, me ha tranquilizado; pero los horrores ocultos, las infamias enroscadas que he descubierto en las abominables cartas que tu odiosa madre te ha hecho escribir, y que por suerte para mí yo no había advertido aún, han traído a mi alma una nueva dosis de nostalgia e inquietud mucho más fuerte que la tranquilidad que tu esquela ha podido proporcionarme."
Carta V. A Martín Quiros
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"Martín Quiros..., te estás poniendo insolente, hijo mío, si yo estuviera allí te daría una buena paliza... te arrancaría tu chorrera de falso tupé que todos los años renuevas con los pelos de coleta de los bidés del camino de Courtheson a París, ¿cómo harás, viejo mastín, para arreglar eso? ¿te han dicho cómo harás? "
Carta VI. Al Señor Carteron
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"Me doy prisa en aprovechar la ocasión del nuevo año para deseárselo, señor Quiros, muy feliz, a usted y a todo cuanto pueda interesarle. Por fin mis penas y mis desgracias se abrevian, señor Quiros, y espero, gracias a la bondad y a la gran protección de la señora presidenta de Montreuil, poder desearle en persona feliz año nuevo dentro de cinco años a contar de mañana"
Carta VII. Mi Carta Magna a la Señora de Sade
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"En verdad creo, querida amiga mía, que tienes la intención de inculcarme para con tus pequeñas deidades el mismo respeto que tan profundamente sientes por ellas. ¡solo porque te arrastras ante esa pandilla eres capaz de exigirme que yo haga otro tanto, que un... y un... y un... sean dioses para mí como lo son para ti! Si por desgracia eso es lo que se te ha metido en la cabeza, quítatelo, te lo ruego. La desdicha nunca me envilecerá."
Carta VIII. A la Señora de Sade
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"Nada tan gracioso como tu pequeñísimo arreglo, aunque dejas demasiado en claro la maldad: eso es todo lo que encuentro en él. Sin eso sería delicioso, examinémoslo a fondo. Tenías ganas (o los tuyos las tenían) de hacer un arreglo que endulzara mis penas o les pusiera fin, pero no estás segura del desenlace de ese arreglo. Puede ser bueno y puede ser malo. Entonces, ¿para qué hablarme de él?"
Carta X. A la Señorita de Rousset. Aguinaldo Filosófico
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"Cualquiera que sea el sitio donde usted esté, señorita -cerca o lejos, con turcos o con galileos, con monjes o con comerciantes, con carceleros o con gente honrada, con con¬tadores o con filósofos-, siempre es verdad el hecho de que la amistad no me permite excusarme, con motivo del nuevo año, de los deberes sagrados que ella misma me impone, tras los cuales, y conforme al antiguo uso, me entregaré, con su complacencia„ a algunas reflexiones episódicas nacidas, sin embargo, del fondo de la oportunidad. Si mi situación tiene espinas, necesario es confesar, no obstante, que suele sugerir pensamientos de un tipo de filosofía muy agradable."
Carta XI. A Marie Dorothée de Rousset
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SOLAMENTE DISPONIBLE EN FORMATO PDF. - ********************************************************************** "El águila, señorita, suele verse obligada a abandonar la séptima región del aire para bajar a posarse sobre la cima del monte Olimpo, sobre los antiguos pinos del Cáucaso, sobre el frío alerce del Jura, sobre 1a blanca cumbre del Tauro y, a veces, hasta junto a las canteras de Montmartre."
Carta XII. A Marie Dorothée de Rousset
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"A la señorita de Rousset en donde Dios la tenga. Señorita: Iba a tomarme la licencia de corresponder a la suya —y ciertamente se habría puesto contenta de los motivos que... por lo mismo que..., ¡eh, no, caramba! En serio que se ha conmovido—, cuando de pronto, y ya la pluma en mi mano, un maldito carrillón, único instrumento de infortunio que oigo aquí, se largó .a hacer una algazara infernal."
Carta XIII. A la Señora de Sade
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"Vuestros méritos, señora marquesa, y toda vuestra fina burla, tan poco ingeniosa, acerca de mi plano no me causa¬rán la menor mella: tengo el honor de comunicároslo. Con las ideas no ocurre lo que con las obras del ingenio."
Carta XIV. A la Señora de Sade
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"Dime, te lo ruego, si es mi comadre Cordier o mi compadre Fouloiseau quien no quiere que yo tenga camisas. La ropa blanca se les niega a los prisioneros del hospital, no a mí. ¡Cómo tu bajeza, la de tu origen y la de tus parientes se reflejan en todo! Esposa, desde que he olvidado lo que era hasta el extremo de querer venderte lo que soy, acaso ha sido para dejarte en camisa, pero no para privarte de ella. Retén bien esta frase, y que también tu pandilla la retenga, en tanto la mando a imprimir."
Carta XIX. A la Señora de Sade
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"Encantadora criatura, ¿con que quieres mi ropa interior sucia, mi vieja ropa interior? ¿Sabes que es de una cabal delicadeza? Ya ves lo bien que sé apreciar las cosas. Escucha. Ángel mío: siento todas las ganas del mundo de satisfacerte en esto, pues ya sabes cómo respeto los gustos, las fantasías: por estrambóticas que sean, las encuentro absolutamente respetables, tanto porque uno no es dueño de ellas como porque hasta la más singular y extraña de todas siem¬pre se remonta, si la analizamos bien, a un principio de delicadeza."
Carta XV. A la Señora de Sade
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"Amable reina, nada realmente tan chistoso como la insolencia de tus comisionados. Si uno no estuviera segurísimo de que tus cifras son unos enigmas (bastante concordantes, por lo demás, con mi manera de pensar), tendría verdaderamente por qué hacer dar un día a tus comisionados una buena tunda de palos. ¡Ah, van a fijarme los días ahora!"
Carta XVI. A la Presidenta de Montreuil
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SOLAMENTE DISPONIBLE EN PDF.
Carta XVII. A la Señora de Sade
296.3 KB
SOLAMENTE DISPONIBLE EN PDF.
Carta XX. A la Señora de Sade
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"¡Dios sea loado! ¡Por fin la carta con los tres asuntos! Hacía nueve largos meses que la esperaba, y ya estaba impacientándome. El cojín lo necesito igual al modelo y no de otro modo, y lo necesito lo antes posible. Todos los libros que te pido ya han aparecido, y es purísima tacañería no querer enviármelos; a decir verdad, es bien tonto y vulgar ponerse tacaño con los libros. De todas las groserías de tus guías es, sin duda alguna, la peor."
Carta. XXI. A los estúpidos malvados que me atormentan
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"Viles satélites de los vendedores de atunes de Aix, bajos e infames criados de verdugos, inventad, inventad para atormentarme, suplicios de los que por lo menos se desprenda algún bien. ¿Qué obtenemos de la inacción en que me mantiene vuestra miopía espiritual, si no llevarme a maldecir e injuriar a la alcahueta indigna que tan cobardemente pudo venderme a vosotros?"
Ciento veinte Jornadas de Sodoma, Las
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Las 120 jornadas de Sodoma es la obra principal del Marqués de Sade en la cual ha reunido todas sus observaciones y sus ideas sobre la vida sexual del hombre, así como la naturaleza y las variedades de sus perversiones sexuales.
Cornudo por sí mismo o el arreglo imprevisto
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"Uno de los mayores defectos de la gente mal educada es el de permitirse continuamente una cantidad de indiscreciones, maledicencias o calumnias sobre todo ser que respira, y eso delante de gente desconocida. Es imposible imaginar la cantidad de cuestiones a que dieron lugar semejantes charlatanerías; en efecto, ¿qué hombre de bien escucha murmuraciones sobre algo que le atañe, sin poner en su lugar al imbécil que las aventura?"
Crímenes del amor, Los
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Esta obra nos permite ver esa "otra cara" del marqués de Sade, tan poco conocida (o deliberadamente ignorada) por quienes lo consideran un simple escritor pornográfico. La obra se compone de una serie de cuentos cortos en los que no aparece ninguna de esas escenas horribles que encontramos en otras de sus obras. No hay descripciones explícitas de actos sexuales ni de torturas. Los finales de los cuentos, cuando no felices, sí son al menos moralizantes y tienden a rebajar al libertino a los ojos del lector, mientras el personaje virtuoso es ensalzado continuamente.
Cuentos y fábulas
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Se supone, yo no lo afirmaría, pero algunos eruditos nos lo aseguran, que la flor del castaño posee efectivamente el mismo olor que ese prolífico semen que la naturaleza tuvo a bien colocar en los riñones del hombre para la reproducción de sus semejantes.
Cuentos, historietas y fábulas
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Selección fabulas, cuentos e historias del conocido novelista y filosofo Marqué de Sade; entre ellos se encuetran: La serpiente, Agudeza gascona, Discurso provenzal, El esposo complaciente, La flor del castaño, entre otros.
Dialogos entre un sacerdote y un moribundo
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Diálogos de caráceter místico entre un sacerdote y un moribundo.
Discurso Provenzal
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"Durante el reinado de Luis XIV, como es bien sabido, se presentó en Francia un embajador persa; este príncipe deseaba atraer a su corte a extranjeros de todas las naciones para que pudieran admirar su grandeza y transmitieran a sus respectivos países algún que otro destello de la deslumbrante gloria con que resplandecía hasta los confines de la tierra. A su paso por Marsella, el embajador fue magníficamente recibido."
Dorgeville o El criminal por virtud
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"Dorgeville, hijo de un acaudalado comerciante de La Rochelle, partió muy joven rumbo a América, encomendado a un tío que había prosperado en los negocios; lo enviaron antes de que hubiera alcanzado la edad de doce años y allí, junto a su pariente, aprendió la carrera que anhelaba y el ejercicio de todas las virtudes."
Egáñeme siempre igual
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"Hay pocos seres en el mundo tan libertinos como el cardenal de..., cuyo nombre, en consideración a su existencia todavía sana y pujante, me permitirán ustedes callar. Su Eminencia tiene hecho un arreglo en Roma con una de esas mujeres cuya profesión oficiosa consiste en proporcionar a los depravados los objetos necesarios para el alimento de sus pasiones. Esta señora le lleva cada mañana una niña de trece o catorce años a lo sumo, de la cual, sin embargo, monseñor no goza más que de esa manera desencontrada que es, habitualmente, la fuente de delicias de los italianos."
El alcahuete castigado
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"Durante la Regencia ocurrió en Paris un hecho tan singular que aún hoy en día puede ser narrado con interés; por un lado, brinda un ejemplo de misterioso libertinaje que nunca pudo ser declarado del todo; por otro, tres horribles asesinatos, cuyo autor no fue descubierto jamás."
El castigado
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"Bajo la Regencia ocurrió en París una aventura lo bastante extraordinaria como para ser contada con interés aun en nuestros días. Por un lado presenta una secreta corrupción, que nada pudo nunca aclarar bien, y por otro tres crímenes atroces, cuyo autor nunca fue descubierto."
El fantasma
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"No hay cosa en el mundo en que los filósofos tengan menos fe que en los fantasmas. Sin embargo, si la extraordinaria anécdota que voy a relatar, anécdota avalada por la firma de varios testigos y consignada en respetables archivos, si esta anécdota, como decía, puede llegar a ser digna de crédito, ya por esos títulos, ya por lo auténtica que fue en su tiempo, habrá que convencerse, a pesar del escepticismo de nuestros estoicos, de que aunque no todos los cuentos de fantasmas sean verídicos, hay sobre el tema cosas extraordinarias."
El fingimiento feliz
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"Hay muchísimas mujeres que piensan que con tal no llegar hasta el fin con un amante, pueden al menos ¬permitirse, sin ofender a su esposo, un cierto comercio de galantería, y a menudo esta forma de ver las cosas tiene consecuencias más peligrosas que si su caída hubiera sido completa. Lo que le ocurrió a la marquesa de Guissac, mujer de elevada posición de Nimes, en el Languedoc, es una prueba evidente de lo que aquí proponemos como máxima."
El marido castigado
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"Cierto hombre, ya en su declinación, decidió casarse, aunque hasta entonces había vivido solo, y lo que fue más tonto, tal vez, en lo que hizo, fue elegir a una muchacha de dieciocho años, con una cara extremadamente interesante y un talle extremadamente esbelto. Monsieur de Bernac (ese era el nombre del marido) no podría hacer estupidez mayor que casarse, ya que no había nada más alejado de sus costumbres que los placeres que da Himeneo, y las manías con que reemplazaba los castos y delicados goces del lazo conyugal estaban muy lejos de lo que podía gustar a una joven personita del tipo de mademoiselle de Lurcie (así se llamaba la desdichada a quien Bernac acababa de ligar a su destino)."
El marido sacerdote
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"Entre la ciudad de Menerbe, del condado de Avignon, y la de Apt, en Provenza, hay un pequeño convento de carmelitas llamado Saint Hilaire, aislado sobre una montaña adonde a las mismas cabras les cuesta ir a pastar. El pequeño recinto es algo así como la cloaca de todas las comunidades vecinas de carmelitas; cada una recluye allí su escoria, por lo que es fácil deducir lo puro que debe ser el ambiente de semejante casa: borrachos, mujeriegos, ho¬mosexuales, jugadores, tal es más o menos la exquisita reunión de reclusos que en ese asilo escandaloso ofrecen a Dios, como pueden, corazones que el mundo rechaza."
El Talión
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"Un buen burgués de Picardía, descendiente, tal vez, de uno de esos ilustres trovadores del Oise o del Somme, y cuya adormilada existencia fue sacada de las tinieblas, hace diez o doce años, por un gran escritor de este siglo; un buen y honesto burgués, como digo, vivía en la ciudad de San Quintín, tan célebre por los grandes hombres que ha dado a la literatura, y vivía allí con honor, él, su mujer y una prima suya en tercer grado, monja de un convento de la ciudad."
Emilie de Tourville o la crueldad fraterna
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"Nada hay tan sagrado en una familia como el honor de sus miembros. Pero si esa joya, por preciosa que pueda ser, llega a empañarse, ¿los interesados en defenderla, deben hacerlo incluso al precio de encargarse ellos mismos del humillante papel de perseguir a las criaturas desdichadas que los ofenden?"
Ernestina o un cuento sueco
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"Después de Italia, Inglaterra y Rusia, pocos países de Europa me parecen tan intrigantes como Suecia. Pero si mi imaginación ardía por ver al célebre país del cual vinieron, en el pasado, héroes legendarios tales como Alarico, Atila y Teodorico —en resumen, todos los héroes que, secundados por cifras interminables de soldados, rindieron el culto de la obediencia al águila imperial cuyas alas aspiraban al dominio del mundo, aquellos héroes que hicieron temblar a los romanos ante las puertas mismas de la poderosa capital— sí, realmente, mi alma se consumía en el ardiente deseo de visitar el país de Gustavo Vasa, de Cristina y de Carlos XII..."
Ernestine, Novela Sueca
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"Después de Italia, Inglaterra y Rusia, pocos países en Europa me parecen tan curiosos como Suecia; pero si mi imaginación se inflamaba ante el deseo de ver las célebres regiones de donde surgieron antaño los Alarico, los Atila, los Teodorico, todos esos héroes en fin que, seguidos por innumerables soldados, supieron valorar al águila altanera cuyas alas aspiraban a cubrir el mundo, y hacer temblar a los romanos en las mismas puertas de su capital; si por otra parte mi alma ardía en deseos de abrasarse en la patria de los Gustavo Vasa, de las Cristina y de los Carlos XII..."
Escritos políticos
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"Señor: Aunque es un solo hombre quien le escribe, considere los sentimientos que él le pinta como el deseo de todos los franceses. Todos aquellos que lo aman, todos cuantos lo respetan, le hablarán el mismo lenguaje; desconfíe de los demás: lo engañan. Y si lo engañan, es porque quieren perderlo. ¿Qué ha hecho usted, señor? ¿Qué acción acaba de cometer? ¡Hasta qué punto se ha permitido usted inducir a un pueblo íntegro al error más espantoso!"
Eugenia de Franval
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"El único motivo que nos mueve a escribir esta historia es la instrucción de la humanidad y el mejoramiento de su modo de vida. Es de desear que todos los lectores descubran el enorme peligro que siempre corren aquellos que hacen lo que quieren para satisfacer sus deseos. Que puedan convencerse que la buena crianza, las riquezas, el talento y las dotes naturales sólo sirven para desviar al individuo cuando la limitación, la buena conducta, la sabiduría y la modestia no están allí para sostenerlos o utilizarlos de la mejor manera: éstas son las verdades que vamos a llevar a la acción. Que no sean perdonados los detalles poco naturales del horrible delito que nos veremos obligados a relatar; ¿acaso es posible que estas desviaciones sean detestables si uno tiene la valentía de presentarlas abiertamente?..."
Eugénie de Franval. Novela trágica
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"Instruir al hombre y corregir sus costumbres, tal es el único objetivo que nos proponemos con esta anécdota. Que uno se penetre, leyéndola, de la magnitud del peligro que hay bajo los pasos de aquellos que se lo permiten todo para satisfacer sus deseos."
Filosofía en el tocador, La
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Filosofía en el tocador fue escrita en 1795, cuando el marqués de Sade se en contraba encarcelado en la Bastilla. En esta obra puede decirse que el autor prefirió la ironía, el diálogo y las relaciones humanas para ofrecer una crítica de la sociedad y, al mismo tiempo, un juego de pasiones muy característico.
Hágase como se ordena
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"- Hija mía -dice la baronesa de Fréval a la mayor de sus hijas, que iba a casarse al día siguiente-, sois hermosa como un ángel; apenas habéis cumplido vuestro decimotercer año y es imposible ser más tierna y más encantadora; parece como si el mismísimo amor se hubiera recreado en dibujar vuestras facciones, y sin embargo os veis obligada a convertiros mañana en esposa de un viejo picapleitos cuyas manías son de lo más sospechosas..."
Hágase como se pide
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"-Hija mía -dice la baronesa de Freval a la mayor de sus hijas, que debía casarse al día siguiente-, eres linda como un ángel, apenas tienes trece años, es imposible ser más lozana y graciosa, se diría que el Amor mismo se tomó el placer de modelar tus facciones; y sin embargo aquí te tengo, obligada a convertirte mañana en la mujer de un viejo juez, de manías muy sospechosas... Es un asunto que no me gusta nada, pero tu padre se empeña;..."
Hay lugar para dos
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"Una burguesa muy linda de la rue Saint-Honoré, de unos veintidós años, gordita, rolliza, con las carnes más frescas y apetitosas, de formas hermosas aunque un poco llenas, y que a tantos encantos unía presencia de ánimo, vivacidad y el gusto más ardiente por todos los placeres que le prohibían las rigurosas leyes del matrimonio, había decidido desde hacía más o menos un año proporcionarle dos colaboradores a su viejo y feo marido."
Historia secreta de Isabel de Baviera, Reina de Francia
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Aunque, poco conocida, esta obra no deja de ser tan estimable como muchas otras de Sade, al igual que ocurre con "La marquesa de Gange". De hecho, estas dos obras muestran muchas similitudes, pues el estilo literario de ambas es muy parecido, y en cierto modo forman una pareja paralela a "Justine" y "Juliette". Nos horrorizarán las crueldades de Isabel de Baviera y de sus compinches, el duque de Orleans, el duque de Borgoña, y otros personajes. De este modo, la dualidad virtud-vicio, tan importante en Sade, queda muy bien representada con un estilo más sobrio, parecido al de un historiador . Si bien Sade no puede dejar de lado su tendencia a imaginar perversiones en todos los personajes históricos e imaginarios, como dejó bien patente en "Juliette" al convertir en protagonistas de sus orgías a papas y reyes de su época, esto se ve en varios fragmentos en los que insinúa un comportamiento privado muy libertino de Isabel, llamándola libertina y acusándola con gran convicción de montar orgías desvergonzadas. Por otro lado, esta obra tiene un significado especial al hacer nos revivir las épocas más terribles de la historia de Francia. Sade, que era un gran patriota y bastante monárquico, acusa con calor a los enemigos de su nación, mientras ensalza las figuras del rey y del pueblo francés. Aunque la acción transcurre durante la guerra de los cien años, es fácil ver en las descripciones de los horrores y desórdenes que pinta el marqués las imágenes que él mismo debió ver sin duda durante su propia época, al desencadenarse la revolución. Pocos historiadores han sabido dar a sus textos un tinte tan negro como el que el marqués da a su descripción de los abusos y las fluctuaciones entre tiranía y anarquía que se produjeron durante el extraño reinado de Carlos VI. Como buen escritor y mal historiador, se empeña en hacer culpable de todas las desgracias a su esposa Isabel de Baviera, lo cual es sin duda falso (por mucho que él se empeñe en presentar pruebas), pero al lector le resulta de lo más interesante, pues de este modo, el personaje histórico de Isabel, casi desconocido para la mayoría de nosotros, se acaba transformando al final en una heroína sublime, semejante e incluso superior a las famosas Agripina, Mesalina o Lucrecia Borgia.
Juliette 1
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Juliette, una joven transportada, cimbreada, separa con un dedo de nácar los labios de su sexo para helar las ansias metafísicas...
Juliette 3. Historia de Juliette o Las Porsperidades del Vicio
1.3 MB
"Grandes biombos rodeaban el solitario altar de San Pedro, y formaban una sala de alrededor de cien pies cuadrados en cuyo centro estaba el ara, de forma que no tenía ya ninguna comunicación con el resto de la iglesia. Veinte jóvenes muchachas o muchachos que se hallaban en un graderío adornaban los cuatro lados de este soberbio altar."
Justine
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Una de las obras más célebres del Marqués de Sade: la intensa y dramática vida de una joven infortunada. Una historia de sometimientos y vejaciones, en un mundo de goces y placeres extremos.
La Castellana de Longeville o la Mujer Vengada
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"En la época en que los nobles vivían despóticamente en sus tierras, en esos gloriosos tiempos en que Francia encerraba en sus fronteras una multitud de soberanos, en lugar de treinta mil ruines esclavos que reptan ante uno solo, vivía en sus dominios el señor de Longeville, poseedor de un feudo bastante grande vecino a Fimes, en Champagne."
La Condesa de Sancerre o La Rival de su Hija
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"Carlos el Temerario, Duque de Borgoña, enemigo eterno de Luis XI, siempre dedicado a sus proyectos de venganza y ambición, llevaba en su séquito a casi todos los caballeros de sus estados, y todos a su lado por las riberas del Somme, se ocupaban sólo en vender o morir dignos de su jefe, olvidando bajo sus banderas los placeres de su patria."
La ficción feliz
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"Abundan las mujeres imprudentes que suponen que, mientras el enamorado no se les vuelva amante, pueden permitirse un trato galante sin ofender a su marido. Así es como frecuentemente resultan de ese modo de ver las cosas consecuencias más peligrosas que si la caída hubiera sido completa. Lo que le ocurrió a la marquesa de Guissac, mujer noble de Nimes, en Languedoc, es una prueba definitiva de lo que aquí establecemos como máxima."
La flor de castaño
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"Se pretende (yo no lo aseguraría, pero algunos sabios nos persuaden) que la flor de castaño tiene sin lugar a dudas el mismo olor que esa prolífica simiente que la naturaleza quiso ubicar en los riñones del hombre para la reproducción de sus semejantes."
La flor del castaño
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Se supone, yo no lo afirmaría, pero algunos eruditos nos lo aseguran, que la flor del castaño posee efectivamente el mismo olor que ese prolífico semen que la naturaleza tuvo a bien colocar en los riñones del hombre para la reproducción de sus semejantes.
La mojigata o el encuentro imprevisto
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"Monsieur de Sernenval, hombre de unos cuarenta años, que tenía doce o quince mil libras de renta y las gastaba tranquilamente en París, que había dejado el comercio, y que se contentaba con tener por toda distinción el honorable título de burgués de París con pretensiones a concejal, se había casado poco tiempo atrás con la hija de uno de sus antiguos compañeros, que tenía por entonces unos veinticuatro años."
La ocurrencia gascona
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"Un oficial gascón había obtenido de Luis XIV una gratificación de ciento cincuenta pistolas, y con su orden en la mano entra en lo de monsieur Colbert, quien estaba sentado a la mesa con algunos señores."
La serpiente
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"Todo el mundo conoció, a comienzos de este siglo, a la esposa del presidente de la corte de C...., una de las mujeres más amables y la más linda de Dijon, y todo el mundo la vio acariciar y albergar públicamente en su cama a la serpiente blanca de la que va a tratar esta anécdota."
Laurence y Antonio
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" El desastre de la batalla de Pavía, el espantoso y astuto carácter de Fernando, la superioridad de Carlos Quinto, el extraño crédito de esos famosos mercaderes de lana, listos a compartir el trono de Francia, y ya instalados en el de la Iglesia*, la situación de Florencia, ubicada en el centro de Italia como para dominarla; todas estas causas reunidas tornaban sumamente codiciable el cetro de esa ciudad, destinándolo sin duda a aquel de los príncipes de Europa que brillara con mayor esplendor."
Los crímenes del amor II
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"Rodrigo, rey de España, el más sabio entre los príncipes en el arte de encontrar nuevos placeres, el menos escrupuloso en la forma de procurárselos, considerando al trono como uno de los medios más seguros para obtener la impunidad, a todo se atrevió para lograrlo, y no necesitando hacer caer, para obtenerlo, más que la cabeza de un niño, dictó sin remordimientos su sentencia; mas Anagilda, madre del desdichado Sancho, que tal era su nombre, y del cual Rodrigo, tío y tutor, quería ser también verdugo, logró descubrir la conjura proyectada contra su hijo y tuvo la suficiente habilidad como para prevenirla; se va al África, ofrece a los Moros el trono legítimo de España, les cuenta el propósito criminal que la ha impulsado a actuar, implora su protección y, cuando estaba a punto de obtenerla, muere con el desgraciado niño."
Los ladrones
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"En todas las épocas hubo en París una clase de personas muy difundidas en la sociedad, cuyo único oficio es vivir a expensas de los demás. Nada más hábil que las múltiples maniobras de tales intrigantes: no hay nada que no inventen, nada que no se les ocurra para hacer caer a la víctima, de un modo u otro, en sus malditas redes."
Los oradores provenzales
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"Como se sabe, durante el reinado de Luis XIV apareció un embajador persa en Francia. A aquel monarca le gustaba atraer a su corte a extranjeros de todas las naciones para que pudieran admirar su grandeza, y transmitir luego, en sus países, algunas chispas de los rayos de gloria con que él alcanzaba los dos extremos de la tierra. El embajador, al pasar por Marsella, fue magníficamente recibido."
Marido complaciente, El
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"Toda Francia terminó por saber que el príncipe de Bauffremmont tenía más o menos los mismos gustos del cardenal del que acabamos de hablar. Le habían concedido por esposa a una señorita muy novata, a la que, según la costumbre, no habían aleccionado hasta la víspera."
Marquesa de Gange, La
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El relato que se ofrece en este libro no es una novela; son crudos hechos que se hallan en el libro Procesos famosos. Por toda Europa se extendió el eco de una historia tan lamentable. ¿Quién no sintió escalofríos? ¿Qué alma sensible no derramó lágrimas sin fin?...
Obispo empantanado, El
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"Es algo bastante singular la idea que algunas personas piadosas se hacen de los juramentos; imaginan que ciertas letras del alfabeto, ordenadas en tal o cual sentido, tanto pueden agradar infinitamente al Eterno en uno de esos sen¬tidos, como ultrajarlo cruelmente, puestas en otro. Y este prejuicio es, sin duda, uno de los más divertidos de todos los que ofuscan a la turba devota."
Oxtiern
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"FABRICE. ¿Creéis, señor Casimir, que este aposento será adecuado para la joven que su amo va a traer hoy a mi casa?"
Preceptor filósofo, El
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"De todas las ciencias que se inculcan a un niño cuando se trabaja en su educación, los misterios del cristianismo, aun siendo sin duda una de las materias más sublimes de esta educación, no son, sin embargo, las que se introducen con mayor facilidad en su joven espíritu."
Que me engañen siempre así
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"Hay pocos seres en el mundo tan libertinos como el cardenal de ..., cuyo nombre, teniendo en cuenta su todavía sana y vigorosa existencia, me permitiréis que calle. Su Eminencia tiene concertado un arreglo, en Roma, con una de esas mujeres cuya servicial profesión es la de proporcionar a los libertinos el material que necesitan como sustento de sus pasiones; todas las mañanas le lleva una muchachita de trece o catorce años, todo lo más, pero con la que monseñor no goza más que de esa incongruente manera que hace, por lo general, las delicias de los italianos, gracias a lo cual la vestal sale de las manos de Su Ilustrísima poco más o menos tan virgen como llegó a ellas, y puede ser revendida otra vez como doncella a algún 1ibertino más decente."
Regalos filosóficos
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"En cualquier lugar que estéis, mi estimada señorita, cerca o lejos, entre los turcos o con los galileos, entre monjes o actores, malvados u honestos, contadores o filósofos la amistad no me permite olvidarme, por este año nuevo, de los sagrados deberes que acarrea y según el viejo uso me abandonare a vuestro buen placer narrado algunas reflexiones nacidas en el fondo del ser. Si mi situación deja escapar alguna espina, hay que recordar que a menudo estas se esconden en la más placentera filosofía."
Resucitado, El
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"Los filósofos dan menos crédito a los aparecidos que a ninguna otra cosa; si, no obstante el extraordinario hecho que voy a relatar, suceso respaldado por la firma de varios testigos y registrado en archivos respetables, este suceso, repito, gracias a todos estos títulos y a los visos de autenticidad que tuvo en su momento, puede resultar digno de crédito, será preciso, a pesar del escepticismo de nuestros estoicos, convenir en que si bien no todos los cuentos de resucitados son ciertos si que contienen, al menos, elementos realmente extraordinarios."
Rodrigo o La Torre Encantada
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"Rodrigo, rey de España, el más sabio entre los príncipes en el arte de encontrar nuevos placeres, el menos escrupuloso en la forma de procurárselos, considerando al trono como uno de los medios más seguros para obtener la impunidad, a todo se atrevió para lograrlo, y no necesitando hacer caer, para obtenerlo, más que la cabeza de un niño, dictó sin remordimientos su sentencia; mas Anagilda, madre del desdichado Sancho, que tal era su nombre, y del cual Rodrigo, tío y tutor, quería ser también verdugo, logró descubrir la conjura proyectada contra su hijo y tuvo la suficiente habilidad como para prevenirla; se va al África, ofrece a los Moros el trono legítimo de España, les cuenta el propósito criminal que la ha impulsado a actuar, implora su protección y, cuando estaba a punto de obtenerla, muere con el desgraciado niño."
Un obispo en el atolladero
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Resulta bastante curiosa la idea que algunas personas piadosas tienen de los juramentos. Creen que ciertas letras del alfabeto, ordenadas de una forma o de otra, pueden, en uno de esos sentidos, lo mismo agradar infinitamente al Eterno como, dispuestas en otro, ultrajarle de la forma más horrible, y sin lugar a dudas ese es uno de los más arraigados prejuicios que ofuscan a la gente devota.
Verdad, La
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"Escritos Filosóficos y Políticos ¿Cuál es esa quimera impotente y estéril, esa divinidad que predica al imbécil un odioso tropel de curas embusteros? ¿Ellos quieren que sea uno de sus sectarios? Ah, nunca, yo lo juro. Sostendré mi palabra: jamás a ese ídolo ofreceré latría. Este hijo del delirio y la irrisión nunca podrá causarme la menor impresión."
Zoloé y sus dos acólitas o unas semanas de la vida de tres bellas mujeres
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"—Buenos días, señor. ¿Habéis leído mi manuscri¬to? ¡Excelente! ¡Delicioso! ¿No es así? —¿El manuscrito de quién, de qué? Señor, no en¬tiendo. —¡Diablos, esta broma es nueva! Me pedisteis, an¬teayer, tres días para leer mi Zoloé y vos... —¡Demontre, señor, he tenido tiempo de sobra de leer vuestra creación! Tomad, aquí tenéis vuestro re¬pertorio de sandeces; que el cielo os ayude..."
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